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Las Flores de Bach, la Medicina del y con futuro


Existe actualmente una gran cantidad de información sobre las Flores de Bach, no obstante es importante saber que no toda es válida o pertinente, algunos conceptos no están correctamente explicados o suficientemente aclarados, existen mitos y leyendas que pueden generar confusiones además de comprometer el nombre de este sistema terapéutico. No obstante y afortunadamente las Flores de Bach gozan ya de una prestigiada difusión que de hecho va en aumento. Con este artículo se pretende dar a conocer de forma concisa y fehaciente qué son las Flores de Bach como sistema terapéutico y qué es la Terapia Floral. En los artículos siguientes se hará una descripción de para qué sirven cada una de las 38 esencias que componen el sistema.

Tal vez sea interesante empezar por mencionar lo que no son las Flores de Bach. No se trata de algo esotérico, ni mágico, ni tampoco se trata únicamente de un efecto placebo. Existen ya numerosos estudios que documentan y evidencian la relación causa-efecto en la aplicación de este sistema, su inequívoca efectividad en bebés, animales y plantas. En este punto cabe destacar que el efecto placebo puede hacer su aparición o estar asociado a la aplicación de cualquier sustancia al ser humano, sea cual sea su naturaleza, ya que el poder de nuestra mente puede servir de catalizador y condicionar el efecto de dicha sustancia, independientemente de que esta sea natural, como las Flores de Bach, o química, como los medicamentos. Incluso se puede dar sin la administración de ninguna de ellas.


¿Por qué se llaman Flores de Bach?

Las Flores de Bach deben su nombre al Dr. Edward Bach, un médico nacido en Inglaterra en Septiembre de 1886 y fallecido en Noviembre de 1936. Era homeópata, bacteriólogo, patólogo y fue también el director de Bacteriología de uno de los hospitales Londinenses más importantes. Fue un médico con un gran reconocimiento y prueba de ello es también que su consulta se encontraba situada en una de las calles más importantes de Londres, en la que se instalaban los médicos más prestigiosos. Fue entre los años 1928 y 1935 cuando el Dr. Edward Bach desarrolló este maravilloso sistema terapéutico tal y como lo conocemos hoy en día.

Su filosofía holística se basa en la interrelación que tiene nuestro estado emocional y mental con los síntomas o enfermedades físicas, definiendo la enfermedad como el resultado final de un conflicto entre nuestra Alma y nuestra Personalidad. Los bloqueos energéticos que derivan de ese conflicto son los responsables embrionarios de lo que tras un cierto tiempo, se ve materializando en nuestro cuerpo físico en forma de lo que llamamos enfermedades, de modo que si la causa desaparece, la consecuencia o efecto también. En realidad, esta no es una cuestión novedosa actualmente, pues afortunadamente cada día son más los especialistas que han demostrado la relación entre nuestras pautas emocionales y mentales y las enfermedades físicas, no obstante, el Dr. Edward Bach ya nos alertaba de este hecho en los años 30, lo que demuestra que era un médico muy avanzado para su tiempo.


¿Qué son las Flores de Bach?

Las Flores de Bach son un sistema terapéutico natural vibracional o energético, por ende está contemplado dentro del grupo de las denominadas terapias vibracionales o energéticas. Se trata de un sistema constituido por 39 esencias de las cuales 37 provienen de diferentes árboles, arbustos y flores, una que proviene de un agua de manantial y otra es un remedio constituido por 5 de las 38 esencias restantes que se denomina "Rescue Remedy" o "Rescate". Dependiendo de la marca que comercializa las esencias el nombre de este último puede variar, siendo los más frecuentes "Five Flower Remedy", "Remedio de las 5 Flores", entre otros. Las 38 esencias florales están clasificadas por 7 grupos emocionales los cuales engloban las flores correspondientes a las distintas tipologías de personalidad o estados emocionales particulares.


¿Cómo actúan las Flores de Bach?

Las Flores de Bach actúan según un principio vibracional. No se trata de principios activos moleculares con una acción específica como en el caso de la Fitoterapia, la Homeopatía o de la Aromaterapia (aunque a estas dos últimas también se les atribuyen propiedades vibracionales). Durante el proceso de elaboración de las esencias, el código de información o patrón energético de las Flores es plasmado en el agua a través de uno de los dos métodos de elaboración. Este patrón o información energética presente en las esencias al entrar en contacto con el ser humano actúa de una forma holística armonizando y re-equilibrando la vibración de nuestros campos mental, emocional, físico y espiritual, logrando con ello un estado de armonía, bienestar y salud. Por esta razón es muy importante la frecuencia de las tomas, constituyendo uno de los puntos dónde radica su efectividad, y no por la cantidad de remedio ingerido.


¿Cómo se elaboran las Esencias Florales del Dr. Bach?

La elaboración de las esencias florales consiste en la obtención y registro sobre un medio manejable de la información energética de una determinada flor a través de unos de los 2 métodos de preparación desarrollados los cuales obedecen a un "protocolo" en el que se requiere determinadas condiciones y precauciones y que se presentan a continuación:


El método de Solarización

En este método el patrón energético de la planta se obtiene a través de la energía del sol, de ahí su nombre. Después de recoger las Flores, se colocan en un bol, con agua de manantial ocupando toda la superficie, luego se deja macerando al sol entre 3 a 6 horas, dependiendo de la flore elegida. A través de la energía del sol, el patrón vibracional de la flor, queda "impreso" en el agua. Pasado ese tiempo se filtra el extracto obtenido y se almacena en una botella esterilizada donde se mezcla con la misma cantidad de brandy, es decir, 50% del extracto con 50% de brandy, a poder ser ecológico, obteniéndose de esta forma lo que se denomina tintura madre.

La función del brandy es actuar como conservante, estabilizando y manteniendo la energía de la flor en este medio liquido. La razón por la cual se elige brandy como conservante tiene que ver con su procedencia - la vid (vine) que es también una de las flores que componen este sistema floral.


El método de Ebullición

En este método se utiliza la energía del fuego para la obtención del patrón energético de la flor. En el proceso las flores se colocan dentro de una cacerola esmaltada blanca o de hierro fundido, se le añade agua, que igualmente deberá ser de manantial y se deja hervir a fuego lento durante 30 minutos. Posteriormente se filtra el extracto obtenido colocándolo en una botella esterilizada a la que se le añade la misma cantidad de brandy, igual que en el proceso de Solarización obteniéndose igualmente la tintura madre.


En ambos procesos se requieren determinadas precauciones que aquí no se describen, pero que es imprescindible consultar en caso de pretender preparar esencias florales. A partir de la tintura madre se procede a una segunda dilución en la que se almacenan las esencias en pequeñas botellas, por norma de 30 ml, y a las que se les denomina botellas de stock, que corresponden a las esencias florales que vemos a la venta en el mercado en farmacias o herboristerías.


Utilizaciones Terapéuticas de las Flores de Bach

Son muchos los trastornos físicos, emocionales o mentales que se pueden tratar a través de las Flores de Bach, siendo los más comunes el estrés, ansiedad, depresión, inestabilidad emocional, adicciones, fobias, inseguridad, falta de autoestima, preocupaciones, cansancio físico y mental, falta de concentración, trastornos de personalidad, trastorno obsesivo compulsivo, etc. Ayudan también a corregir patrones de personalidad negativos tales como posesividad, sumisión, dudas e incertidumbre, represión emocional, pesimismo, impaciencia, intolerancia, miedos, agresividad, resentimiento, aislamiento, sentimientos de culpabilidad, etc. La toma de las esencias ayuda a adquirir mayor autoconciencia emocional, permitiendo de esta forma comprender el origen del problema a tratar catalizando así cualquier proceso de cambio de los patrones emocionales, mentales y conductuales, y por ende de la salud física. Por ello se puede afirmar con total seguridad que las Flores de Bach son una preciosa e indispensable herramienta de autoconocimiento y desarrollo personal cuyos resultados son lo suficientemente buenos para considerar las Flores de Bach una medicina del y con futuro.

¿Cómo se preparan los Remedios de Flores de Bach personalizados?

El remedio floral personalizado se determinan durante una sesión terapéutica/consulta en la que a través de la entrevista el terapeuta en conjunto con el cliente/paciente determinará qué esencias tomar durante un determinado periodo de tiempo de acuerdo a los objetivos definidos durante la consulta. Una vez prescritas las esencias se procede a su preparación. Para ello se mezclan 4 gotas de la botella de stock de cada una de las esencias prescritas, hasta un máximo de 7 o 8, en un frasco gotero de 30, 50 o 60 ml con agua mineral o de manantial, añadido de un 10 o 15% de brandy ecológico como conservante natural. Para las personas que no pueden tomar alcohol o para los bebés se utiliza como alternativa glicerina vegetal o vinagre de manzana.


Dosificación y Posología

La administración del remedio floral personalizado se hace a través de la ingesta de 4 gotas en una frecuencia media de entre 6 y 8 veces al día. Para las aplicaciones locales se pueden administrar las esencias a través de la preparación de cremas, aceites, lociones, colirios y vaporizadores. Es importante destacar que las esencias florales son de total seguridad, compatibles con cualquier otro tratamiento ya sea alopático, homeopático, fitoterapéutico, aromaterapéutico o cualquier otro. No tienen contraindicaciones y carecen totalmente de efectos secundarios, adversos o colaterales y son de un gran efecto preventivo. Pueden ser tomadas por bebes, mujeres embarazadas y ancianos. También se aplican en animales, de hecho con mucho y comprobado éxito en esta área, y también en plantas.


¿Existen contraindicaciones en tomar las Flores de Bach?

No, en absoluto. Las Flores de Bach no tienen cualesquier contra-indicaciones y carecen totalmente de efectos secundarios, adversos o colaterales, aportando en cambio, un gran efecto preventivo. Pueden ser tomadas con total seguridad por bebes, mujeres embarazadas y ancianos. Son compatibles con cualquier otro tratamiento ya sea alopático, homeopático, fitoterapéutico, aromaterapéutico o de cualquier otro tipo. También se aplican en animales y en plantas.


El proceso terapéutico con las Flores de Bach

Aunque sean muchas las ventajas de las Flores de Bach se recomienda que sean prescritas por un terapeuta profesional acreditado. Hay una importante diferencia entre tomar Flores de Bach y hacer una Terapia Floral. Esta última requiere un acompañamiento por un terapeuta debidamente formado, cualificado y capacitado para poder dirigir la terapia la cual se debe realizar en un espacio de confianza, honestidad, apertura y profesionalidad. La terapia floral es una relación de acompañamiento de un proceso en la que es de crucial importancia la empatía y la confianza. No acudir a un terapeuta profesional acreditado y tomar las esencias florales por auto-prescripción o acudir a terapeutas autodidactas puede poner en cuestión la efectividad de la terapia por falta de capacitación para dirigir el proceso terapéutico. Las Flores de Bach funcionan si la Terapia Floral es enfocada con seriedad y profesionalidad.



Clasificación y descripción de las Flores de Bach


El Dr. Edward Bach clasificó este sistema terapéutico en 7 grupos emocionales distintos, en los que dentro de cada grupo englobó las flores que, según su visión, tienen relación con el nombre de ese mismo grupo, no obstante, son muchas las esencias que comparten grupos distintos. Por otro lado cada flor está relacionada con un patrón de personalidad o estado emocional particular. A continuación se presenta una lista con todas las Flores de Bach y una breve descripción de los patrones con que se relacionan:

Agrimony – Tortura mental o física, ansiedad. Sonrisa permanente para enmascarar problemas.
Aspen – Miedo de origen desconocido. Aprensión. Presagio. Preocupaciones inexplicables.
Beech – Intolerancia. Crítica hacia los demás. Arrogancia. Antipatía. Irritación.
Centaury – Sometimiento. Servilismo. Voluntad influenciable. Debilidad. Necesidad de aceptación. Miedo al rechazo. Dificultad para imponer límites. Para los que les cuesta decir “no”.
Cerato – Duda por el propio criterio. Permanente búsqueda de consejo ajeno.
Cherry Plum – Miedo a la pérdida de control. Desesperación. Descontrol.
Chestnut Bud – Repetición de errores. No asimilación. No aprende de la experiencia.
Chicory – Posesividad. Exigencia de atención. Congestión. Auto-centramiento.
Clematis – Falta de interés en el presente. Indiferencia. Falta de atención. Desconexión.
Crab Apple – Sensación de suciedad física o psíquica. Remedio limpiador para quien se siente sucio y avergonzado. Impureza. Baja autoestima.
Elm – Desbordamiento. Perfeccionismo exagerado. Estrés. Exceso de responsabilidad.
Gentian – Desánimo. Incertidumbre. Duda. Pesimismo. Negatividad.
Gorse – Desesperación. Claudicación. Desesperanza.
Heather – Auto-centramiento excesivo. Carencia afectiva. Egoísmo.
Holly – Odio. Envidia. Celos. Sospecha. Venganza. Rencor.
Honeysuckle – Nostalgia. Obstinación a vivir en el pasado. Excesivo peso del pasado emocional.
Hornbean – Cansancio mental y físico. Laxitud. Debilitamiento puntual.
Impatiens – Impaciencia. Aceleración. Irritabilidad. Tensión mental exagerada.
Larch – Sentimiento de inferioridad. Falta de confianza en si mismo. Sensación de incapacidad. Anticipación y miedo al fracaso.
Mimulus – Timidez. Miedo de origen conocido.
Mustard – Tristeza profunda. Inexplicable desanimo.
Oak – Esfuerzo incesante. Lucha. Sentido excesivo del deber. Austeridad. Rigidez.
Olive – Agotamiento físico y mental extremo.
Pine – Sentimiento de culpa y de no merecimiento. Auto-reproche. Autoagresión.
Red Chestnut – Miedo. Ansiedad o demasiada preocupación por el bienestar de otros seres.
Rock Rose – Miedo extremo. Terror. Pánico.
Rock Water – Auto-represión. Rigidez moral. Puritanismo. Dogmatismo. Exceso de autodisciplina.
Scleranthus – Incertidumbre. Indecisión entre dos cosas. Desequilibrio. Descoordinación. Inestabilidad.
Star of Bethlehem – Shock físico o psíquico, reciente o antiguo, consciente o inconsciente. Resistencia. Trauma.
Sweet Chetsnut – Angustia Extrema. Límite de la Resistencia. Desesperación profunda. Desolación. Angustia existencial.
Vervain – Exceso de entusiasmo. Idealismo. Fanatismo. Exasperación por injusticias. Tensión. Sobreesfuerzo. Sobreexpresión.
Vine – Dominación. Inflexibilidad. Ambición desmedida. Codicia. Autoritarismo. Prepotencia. Crueldad.
Walnut – Protección contra influencias externas. Cambio. Corte. Inadaptación.
Water Violet – Orgullo. Retraimiento. Exclusividad. Autocentramiento. Soledad. Aislamiento.
White Chestnut – Pensamientos persistentes e indeseados. Diálogo interno torturante. Repetición acelerada. Círculo vicioso. Preocupación.
Wild Oat – Incertidumbre. Desánimo. Insatisfacción por vocación dudosa. Dispersión. Vacío existencial. Desorientación.
Wild Rose – Apatía. Indiferencia. Subexpresión. Inexpresión.
Willow – Resentimiento. Amargura. Sentimiento de frustración y fracaso. Rencor. Retención. Irritación.
Rescate o Rescue Remedy – Remedio de Emergencia (accidentes, desmayos, malas noticias).



Las emociones y la salud


Muchas veces cuando hablamos de salud nos referimos esencialmente a la ausencia de enfermedades. Raramente cuando utilizamos este sustantivo nos referimos a la forma cómo nos encontramos a nivel emocional, mental e incluso, por qué no decirlo, a nivel espiritual. Creía que en nuestros días ya no hacía falta remarcarlo, pero me doy cuenta por mi experiencia que no siempre lo tenemos presente. Constato a través de las personas que acuden a mi consulta con cuestiones relacionadas con enfermedades, trastornos, o simplemente un malestar físico, que existe todavía mucho desconocimiento sobre la relación que existe entre la forma en cómo manejamos nuestras emociones, aquello que pensamos y creemos, y nuestro nivel de bienestar o malestar físico. La cuestión es que eso es determinante y lo deberíamos tener en cuenta.

Creo que ya se ha escrito mucho sobre esto en algunas revistas relacionadas con la salud y también en Internet (aunque en este último caso no siempre todo lo que hay escrito corresponde a la verdad). No obstante, y no sé muy bien el por qué de ello, es algo que nos cuesta asimilar. Ya es más que sabido que determinadas emociones afectan directamente y en tiempo simultaneo a nuestro cuerpo. Por ejemplo cuando sentimos miedo podemos sentir como nos sudan las manos o la frente o como se acelera nuestro ritmo cardíaco. Cuando sentimos rabia nos sonrojamos y se nos tensan los músculos. Estos son solo algunos ejemplos, pero con otras emociones hay otros síntomas físicos correspondientes. Entonces, si algo tan sencillo como estas emociones primarias nos afectan y provocan ligeros cambios en el momento en que las sentimos en nuestro cuerpo físico, mucho más amplias van a ser las repercusiones de sentir otras tantas emociones o sentimientos durante un período prolongado de tiempo. De hecho, tales emociones como el miedo en el mismo momento de sentirlas nos proporcionan una información, una señal de que algo de lo que estamos haciendo no está de acuerdo a nuestro ser interior, a nuestra alma. Algo que se ha alejado de nuestra naturaleza, de nuestra esencia o, lo que es lo mismo decir, todo lo opuesto a la paz interior, tranquilidad, alegría y felicidad. Si no escuchamos esa señal, ya sea la incomodidad de una emoción o bien los síntomas físicos que produce, el cuerpo seguirá su ritmo y nos hablará más fuerte hasta que nos demos cuenta de que algo está ocurriendo. Es cuando aparecen entonces los primeros achaques: un ligero dolor de cabeza, una contractura, una mala digestión sin haber comido algo insano, etc. Normalmente cuando esto llega a este punto la tendencia es o bien esperar que pase, si hay paciencia, o bien acallar al cuerpo con alguna "pastilla mágica" y así, callado el cuerpo no nos molestará. Lo que pasa es que cuando lo hacemos no estamos resolviendo nada, lo que hacemos es "anestesiarnos" para no sentir esa incomodidad. Pero la naturaleza es sabia y nuestro cuerpo también lo es. De hecho ¡somos una máquina perfecta! Así, el cuerpo seguirá encontrando formas de hacernos conscientes de que algo no está bien y es cuando entonces surgen determinadas enfermedades. Enfermedades que, habiendo empezado hace tanto tiempo de forma embrionaria con esas emociones que en un momento determinado sentimos y a las que no hicimos caso, ahora que el tiempo pasó, nos sorprendemos de semejante problema, nos victimizamos, nos creemos unos desgraciados, pero casi nunca nos preguntamos: ¿qué me está queriendo decir esta enfermedad? ¿Cuándo habrá empezado?

Si supiéramos de antemano que existe una correspondencia entre determinados síntomas y enfermedades y sus respectivos patrones emocionales, tal vez no tardaríamos mucho tiempo en descubrir el origen de esa enfermedad. No obstante, si nos informamos, si realmente nos interesa aún estamos a tiempo de saberlo. Podemos saberlo. La información está a nuestro alcance. Tan sólo tenemos que prestar atención, ensanchar nuestros horizontes, tener curiosidad, tener ganas de aprender y evolucionar y tal vez así podamos, poco a poco, ir conociéndonos un poco más a nosotros mismos, a ser más conscientes de lo que pensamos y sentimos y actuar de acuerdo a esas premisas. Tenemos que aprender que las emociones existen para algo y que no las deberíamos ignorar jamás. Nuestras emociones y pensamientos determinan la calidad de vida que podemos tener, pero principalmente determinan nuestro estado de salud física. Incluso cuando estamos expuestos a un resfriado o a un determinado virus, no todas las personas que están en las mismas circunstancias se enferman. Hay algo que les hace "inmunes" a determinadas condiciones o enfermedades. ¿Alguna vez te has preguntado si tu estado anímico interfiere en ese proceso? ¿Alguna vez te has cuestionado sobre las emociones que sientes de forma casi permanente pueden estar en el origen de que tu cuerpo reaccione con más o menos efectividad ante un agente patógeno externo?
Yo sugiero que nos replanteemos estas y otras cuestiones sobre lo que es la salud. Parece ser que hoy en día todos sabemos mucho sobre enfermedades pero poco sobre salud. Es hora de cambiar. Estamos en estos momentos inmersos en un sinfín de cambios (crisis) que nos hacen replantear las cosas y creo que esta es una de aquellas que no debe en absoluto ser ignorada. Cura tus emociones y te curarás a ti mismo.



Flores de Bach para la Autoestima


Cuando hablamos de Autoestima, casi siempre aludimos a la valoración que hacemos de nosotros mismos. Tenemos muy presente su definición, su significado, y es una palabra que está muy de moda aunque a veces cuando se habla de Autoestima se hace una valoración positiva o negativa sentenciada, como si fuera algo que no se pudiera cambiar. Sí, la Autoestima es nuestra autovaloración, el resultado de todo lo que pensamos y sentimos sobre nosotros mismos. Es el resultado de nuestros pensamientos, conscientes e inconscientes, de nuestro sistema de creencias y de la forma cómo nos relacionamos con nuestro propio ser. Pero es mucho más que eso.

La Autoestima no se limita a una visión estática y sentenciada de cómo nos valoramos. Tiene que ver también con nuestra actitud hacia nosotros mismos, la forma con la que nos seguimos tratando y cuidando. Obviamente ambas cosas están relacionadas, pues cuanta más valoración se tenga de uno mismo mejor será la forma en cómo uno se trate. Pero, ¿es eso realmente así? No, no lo es porque no es algo estático. De forma que, pueden existir algunas áreas de nuestra vida en las cuales nos hacemos una valoración muy positiva mientras en otras esta valoración es muy negativa, y aún así, pueden variar de grado en el tiempo. El nivel de nuestra Autoestima no es igual en áreas distintas debido a las creencias que conforman su base. Una persona que sea muy afortunada en las relaciones de pareja, puede tener serias dificultades a nivel profesional. De la misma forma se puede ser muy exitoso profesionalmente y tener una salud debilitada. Los factores que intervienen en ello: nuestras creencias, nuestros miedos, sentimientos de culpa, etc.


¿Alta o baja autoestima?

Nuestra Autoestima no siempre se encuentra en un mismo nivel. Interviene en ello el factor tiempo, las circunstancias y las experiencias de la vida. Cuando entendamos eso, quizás sea un paso importante en nuestra auto-aceptación. Son muchos los factores que determinan nuestra Autoestima, la valoración que hacemos de nosotros mismos; pero esa valoración muchas veces está condicionada por las experiencias, por el entorno, por las creencias y pensamientos que también van cambiando a lo largo del tiempo. La Autoestima es algo más dinámico y debería estar enfocada a partir de esa premisa.

Por otra parte, la Autoestima no se trata de una cuestión solamente psicológica. A la Autoestima también se le puede dar un enfoque holístico, pues en ella interfieren nuestra condición emocional, mental, espiritual y física. No podemos separar estas condiciones. Están interconectadas y son interdependientes. Antiguamente hablar de Autoestima implicaba posiblemente una visita al psicólogo, el cual supuestamente sería el único que tendría las herramientas o las respuestas para solucionar los problemas que derivan de una baja Autoestima. Hoy en día sabemos que ya no es así. Existen varios métodos, disciplinas y terapias para tratar las cuestiones relacionadas con la Autoestima, siendo una de ellas el tratamiento con las Flores de Bach.


Son numerosos los autores que defienden que la Autoestima es una cuestión vibracional. Esther & Jerry Hicks, son autores de muchísimos libros relacionados con la Ley de la Atracción y hacen referencia a que la forma en cómo nos sentimos se traduce, según ellos, en una determinada frecuencia vibratoria. Según estos autores cada emoción corresponde a un punto distinto en una escala vibratoria. Pensar de esta forma y establecer una escala donde las emociones se puedan clasificar de alta o baja frecuencia vibratoria es sin duda una forma muy nueva e innovadora para enfocar el tema de la Autoestima, sobre todo porque no es algo que se pueda “medir”. Incluso para muchos puede parecer descabellado, no obstante, y desde mi punto de vista, no me parece desacertado. De ser así, podríamos afirmar que las Flores de Bach es la terapia más efectiva y adecuada para tratar la Autoestima. Lo que me hace establecer un link entre las afirmaciones de estos autores y la Terapia Floral es precisamente cuando entra en juego la palabra vibracional. Aunque nadie mejor que un físico cuántico para detallarnos ese concepto, lo cierto es que las Flores de Bach son una terapia vibracional, y muchas de las esencias sirven precisamente para tratar cuestiones relacionadas con la Autoestima. Quizás más de 20 esencias pueden ser utilizadas para tratar muchas variantes del miedo y, ¿qué es el miedo sino lo contrario al Amor? El Amor es lo contrario al temor, y es igual a Confianza. La Confianza y el Amor hacia uno mismo es precisamente lo que denominamos Autoestima. Si las esencias florales equilibran nuestras emociones, transformando el miedo y sus variantes en Confianza y Amor, entonces ¿podemos considerar la Autoestima como una cuestión vibracional?


Autoconocimiento o autoconsciencia emocional

Para cambiar o elevar nuestra Autoestima es necesario antes que nada adquirir un profundo conocimiento de nosotros mismos. Sin ese autoconocimiento no hay lugar al cambio, pues solamente podemos cambiar aquello que conocemos, aquello de lo que hemos tomado consciencia. La razón por la cual la mayoría de las personas no mejora la forma en cómo se tratan a sí mismas, es precisamente porque todavía no han adquirido consciencia de ello. No disponen aún de la perspectiva suficiente para definir las pautas mentales y emocionales de las cuales están formadas; no son conscientes de sus proyecciones, de sus miedos, de sus sentimientos de culpabilidad y otras variantes del miedo que no hacen más que auto-sabotear su comportamiento y perpetuar con ello el sufrimiento de fondo que padecen. Tampoco es una tarea fácil la de empezar un proceso de exploración interna pues algunas de esas pautas tienen sus orígenes en nuestra tierna infancia donde, en realidad, la mayoría de creencias tienen su cuna. Muchas de esas pautas fueron adoptadas como nuestras hace tanto tiempo, que ya no nos damos cuenta de ello. Por otro lado, ese proceso de indagación interna lleva a que mientras vayamos removiendo los “baúles” de nuestro inconsciente, nos encontremos con emociones con las que no tenemos la más mínima idea de cómo manejarlas. No lo sabemos simplemente porque las desconocemos, no estamos familiarizados con ellas. No sabemos identificarlas ni definirlas y, menos aún, comprender el por qué están ahí. Eso es la falta de Conciencia del Ser. Es falta de Autoconocimiento.

Para empezar a “arreglar” la situación habría que dedicarse a pasar algún tiempo a solas con uno mismo. La introspección y el tiempo con uno mismo es básico, esencial y vital para que empecemos un proceso de Autoconocimiento y saber qué es lo que ocurre en nuestro interior. Una vez nos conozcamos más, no nos tienen que gustar todas nuestras características, sino solamente reconocerlas y aceptarlas como nuestras. Además nuestras características de personalidad no pueden ser consideradas negativas desde un punto de vista estático. Son positivas o negativas según el grado, el contexto y el momento en qué nos encontremos. Han de ser vistas desde una perspectiva más dinámica. Las Flores de Bach precisamente nos ayudan a tomar conciencia de nuestro ser, y adquirir la perspectiva necesaria para poder identificar de dónde provienen nuestras pautas mentales y emocionales contribuyendo así a cambiarlas. Pero no solamente en eso nos ayudan las esencias del Dr. Bach.


La Génesis del problema

Son varios los patrones mentales y emocionales que determinan una baja Autoestima. La mayor parte de ellos nacen y se desarrollan en nuestra más temprana edad: la infancia. Cuando somos niños, nuestros padres y otros adultos de referencia, nos fueron educando y condicionando con base a sus propios sistemas de creencias y pensamientos, dejándonos bastante claras las diferencias entre lo que eran el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto y lo hacían tanto a través de su lenguaje verbal como no verbal, a través de sus  miradas, gestos, expresiones, etc. De niños no sabemos distinguir entre la realidad objetiva de la realidad subjetiva, de forma que todo lo aprendido lo adoptamos como algo “nuestro”. Nuestra forma de ver el mundo es condicionada y definida por sus formas. A veces la forma en cómo nos comportábamos o aquello que realmente queríamos no recibía aprobación. Entonces nuestra reacción habrá sido algo como: “yo no puedo decir esto”, “yo no puedo pensar así”, “yo no puedo ser así”, “yo no puedo hacer esto y el otro”. Estos hechos ocurren desde que nacemos hasta aproximadamente los 7 años de edad; nos marcan y nos definen y es cuando empiezan a nacer algunos de los estados tipológicos más conocidos en términos florales:

Agrimony - Desde mi punto de vista sería una de las principales esencias a tener en consideración para temas relacionados con la Autoestima. El Autoconocimiento y la Auto-aceptación son la base para una buena Autoestima así como el reconocer y expresar nuestras emociones. Agrimony nos da mucha Conciencia. La génesis de esta tipología se habrá originado en una familia en que los padres no permitían la expresión emocional del niño, reprimiéndole constantemente. Esto puede llevar a que en la edad adulta la persona siga esa pauta “amordazando” a su niño interior (su parte emocional), no permitiendo la expresión emocional trasladando los conflictos entre sí mismo y los demás únicamente para  consigo mismo (conflicto interno). Agrimony tiene miedo de ser él mismo.

Centaury – Esta esencia corresponde a un estado de personalidad donde la Autoestima alcanza puntos bajo cero. El grado de sumisión ante los demás es muy elevado, y la incapacidad de decir que no e imponer límites prácticamente inexistente. El hecho de negarse a sí mismo su espacio, su existencia en el mundo, anulándose casi por completo demuestra la tan baja Autoestima que una persona en este estado puede padecer. La personalidad Centaury no tiene la capacidad de atender a sus propias necesidades. ¿Existe peor forma de tratarse a uno mismo? Este estado se corresponde a las variantes del miedo: al rechazo y al abandono.

Larch también es una esencia que tiene su génesis en edades muy tempranas. Es muy probable que el patrón mental de los padres sea similar y por lo tanto dejar gravado en el inconsciente del niño lo equivalente a horas y horas de cintas grabadas con afirmaciones negativas del tipo: “tú no puedes”, “tú no sirves”, “tú no eres capaz” o “no eres lo suficientemente bueno” afirmaciones que se habrán quedado grabadas a hierro y fuego en su inconsciente, convenciéndole de su inutilidad y el resultado es una terrible falta de confianza en sí mismo y una muy baja Autoestima.

La situación se agrava cuando lo que se fomenta son sentimientos de culpabilidad los cuales son muy difíciles de erradicar. Para estos estados existe la esencia de Pine. Un esquema mental que puede tener sus orígenes en una educación altamente castradora y rígida, donde de niño habrá sido el culpable de todo cuanto pasaba en la familia y donde el resultado final era el castigo. El niño aprendió entonces que al recibir el castigo, el problema dejaba de existir. De forma que de adulto puede seguir repitiendo esta pauta, auto-castigándose continuamente, pues es la forma que conoce para sentirse bien, por lo que seguirá haciéndolo, aunque de una forma inconsciente, pues toda culpa busca castigo y el castigo crea dolor.

Existen otras esencias que son muy importantes para fomentar el amor propio y aumentar nuestra Autoestima, y son las siguientes: Gentian, Mimulus, Impatiens, White Chestnut Heather, Crab Apple, Cerato, Chicory, Scleranthus, Rock Water, Beech, Clematis, Hornbeam, yChestnut Bud. Todas las emociones que tienen relación con una baja Autoestima pueden ser reequilibradas a través de las esencias florales. Patrones como la crítica y la auto-crítica, el miedo, la culpa, la rabia, el resentimiento, los celos y la envidia, la falta de autoconfianza, los pensamientos negativos reiterados, las preocupaciones, la rigidez mental y el estrés, la intolerancia y la impaciencia, son sólo algunos ejemplos. Queda aquí la invitación a un conocimiento más profundo de las esencias florales antes mencionadas y su relación con la Autoestima.


Aprendizaje y cambio

Las esencias florales contribuyen enormemente que las personas empiecen a cuidarse más a sí mismas facilitando la auto-aceptación y la auto-valoración pues a través de ellas podremos empezar a vernos tal y como somos en realidad. Nos ayudan a superar nuestros traumas, a cuestionar nuestras creencias, a relativizar y erradicar nuestros miedos que nos impiden de acceder a nuestra esencia y encontrar nuestro verdadero “Yo”, de amarnos y respetarnos más, sintiéndonos merecedores de una vida llena de alegría, felicidad y salud.

La Autoestima es también la capacidad de aprender, de buscar herramientas y desarrollar capacidades que permitan un trato más amoroso con nosotros mismos el cual posiblemente no nos fue dado en la infancia. No somos exactamente aquello que creemos ser. Somos más que eso. Tan solo hay que descubrirlo.



Las Flores de Bach, una Medicina Vibracional


Es importante recordar que la terapia creada por el Dr. Edward Bach es una terapia de carácter Holístico, lo que significa que al considerar al ser Humano como un todo, también se le considera en el momento de definir y relacionar determinados estados con enfermedades. La filosofía del Dr. Bach es la base en la cual asientan hoy en día muchos de los conceptos de Crecimiento y Desarrollo Personal. Ya es sabido de que nuestra condición emocional influye en la condición mental o vice-versa y las dos en nuestra condición física. Hasta aquí ya no quedan dudas. No obstante, ¿cuál es el denominador común en estas condiciones y cuál es el hilo de conexión entre la condición emocional, mental y física? Para ayudar a comprenderlo es importante entender que detrás del estado emocional, mental o físico hay una escala de vibraciones que determinan el bienestar o malestar de ese mismo estado. Se trata pues de una cuestión vibracional, la cual la mejor forma de ser corregida es pues con una terapia que trabaje a ese mismo nivel de vibraciones, ajustándolas de forma a devolver el bienestar y armonizar nuestra condición emocional, mental, física y espiritual.

Se dice del Dr. Bach que debido a su gran sensibilidad, con tan solo acercar las flores a los labios ya podía saber cuáles eran sus propiedades curativas, tal era su percepción. Observó también que las flores que crecían en lugares con mucho sol tenían una vibración mucho más elevada que las flores que crecían en lugares más sombríos.  Asimismo, después de haber estudiado las diferentes partes de las plantas observó que las flores eran las que tenían la energía vibracional más elevada. En el libro “Cúrate tú mismo”, Bach deja patentada su filosofía, la cual básicamente refiere que el concepto de enfermedad física  tiene su origen en los diversos estados emocionales negativos, que son los conductores de una vibración que tiene una relación directa con la enfermedad.  Relaciona el estado mental sano, de paz y felicidad con la salud.  Se dio cuenta de que el ser humano tiene dentro de sí las respuestas necesarias para llevar una vida feliz, de bienestar y  salud, con tan sólo dejarse guiar por su intuición, la comunicación con su sabiduría interior.

Somos seres de energía. Vibramos entre una determinada escala vibratoria, en distintas frecuencias. No somos solamente nuestro cuerpo físico, somos el conjunto de un cuerpo emocional, mental y espiritual y todo nuestro ser vibra en diferentes frecuencias vibratorias. Según la física cuántica, nuestro cuerpo físico vibra en una determinada frecuencia vibratoria la cual difiere de la frecuencia vibratoria de nuestra esfera emocional, mental y espiritual. A la forma en cómo nos sentimos corresponde un estado vibracional en un determinado momento. Según el Dr. Bach, cuanto más positiva sea la emoción como el Amor, la alegría, la esperanza y la felicidad, más elevado es el estado vibracional pues estas son emociones de alta vibración. Cuánto más negativa sea la emoción como la tristeza, el odio, el miedo o la desesperación más bajo es el estado vibracional ya que estas son emociones de baja vibración. Cuando estamos sanos es porque la energía está equilibrada en el conjunto cuerpo-mente-espíritu y cuando estamos enfermos es porque se ha producido algún bloqueo de energía que ha desequilibrado nuestro cuerpo.

El poder de la esencia de las flores radica en su energía y en sus cualidades vibratorias. Cada flor posee una vibración o una frecuencia vibratoria única con sus características particulares. Estos campos de energía son muy sutiles, de alta frecuencia. En el proceso de la elaboración de las esencias creado por el Dr. Bach, la información energética de la flor es transmitida al agua. De esta forma se puede afirmar que las esencias son energía líquida que contiene un determinado campo energético o una determinada frecuencia vibratoria de las flores de donde provienen. Cuando estas esencias entran en contacto con otro ser vivo ya sea una persona, animal o planta, la frecuencia vibratoria del nuevo ser vivo en el caso de ser más baja es elevada de forma que se alinea con la nueva frecuencia vibratoria contrariando el efecto de las frecuencias negativas, neutralizándolas, produciéndose así una armonización del respectivo campo sutil con la flor correspondiente. En el caso que la frecuencia vibratoria del ser vivo que recibe la toma de la esencia no sea inferior a la de la flor, es decir, si ya está equilibrada, entonces esa alineación ya existe naturalmente con lo cual la esencia no producirá ninguna alteración. Es importante saber que las esencias de las flores no contienen en si ningún vestigio químico que pueda ser analizado a no ser simplemente agua y brandy. Cuando se preparan las esencias lo que se pretende captar es la energía de la flor y no su compuesto químico. El campo energético de las flores es imprimido en el agua y esa marca permanece ahí. Es esta la forma con la cual más tarde podemos sentir sus beneficios. El agua tiene como una memoria en la cual se queda registrada toda la información que se le transmita. En este caso, el agua almacena la firma energética de las flores y la guarda indefinidamente reteniendo así el patrón vibratorio de las flores.

Al tratarse de una terapia vibracional, el éxito de las tomas es determinado por su frecuencia y no por su cantidad. Se trata de un “input” energético, un impulso vibratorio de alta frecuencia y no de una reacción fitoquímica. La información energética está contenida, impresa en el agua del preparado y al entrar en contacto con nuestro cuerpo que es constituido en media por un 70% de agua, impregna todo nuestro organismo con la misma vibración dándose un efecto de resonancia vibratoria.

Si encuadramos estos conceptos dentro de la filosofía de Bach, resulta que el conflicto entre nuestro Yo Superior y la personalidad se puede traducir en la desarmonía de uno de los campos energéticos, al que corresponde una determinada frecuencia vibratoria.  La toma de esa esencia hará de correctivo y producirá la alineación energética del ser vivo con la esencia disolviendo así el bloqueo energético que pueda existir, devolviendo el bienestar, la salud, la tranquilidad y la felicidad. Se puede pues afirmar que la enfermedad no es más que la desarmonía en la vibración de los campos emocionales, mentales y espirituales y por ende del cuerpo físico, o, lo que es lo mismo, el resultado final de un período de tiempo continuado de vibraciones de baja frecuencia.

Para hacer una alusión al Dr. Edward Bach sobre la vibración de las flores y sus efectos, paso a citar las palabras pronunciadas por el Dr. Bach en una conferencia dada en 1931 y que podemos encontrar en el escrito “Ustedes provocan su propio sufrimiento”:

“La acción de estos remedios se basa en elevar nuestras vibraciones, hacernos conocer los canales de recepción de nuestro Yo espiritual, colmar nuestras naturalezas con las virtudes que necesitamos, y hacer desaparecer de nosotros el defecto que nos está perjudicando.” Y añade: “Los remedios curan, no atacando la enfermedad, sino colmando nuestros cuerpos con las hermosas vibraciones de nuestra Naturaleza Superior, en presencia de la cual la enfermedad se funde como la nieve bajo el sol.”



Autoestima en tiempos de crisis


Actualmente estamos viviendo momentos algo preocupantes, incómodos e inciertos. No me refiero a las cuestiones directamente relacionadas con la política o la economía, sino más bien a los resultados que están produciendo al nivel social, sobretodo la forma en cómo se sienten las personas. Hemos de tener un cierto cuidado para no identificarnos demasiado y confundir aquello que está sucediendo afuera con aquello que nosotros somos por dentro.


Son muchas las personas que han perdido sus puestos de trabajo, tal vez muchas de ellas los conservaban desde hace muchos años. Antiguamente tener un "trabajo para toda la vida" era algo preciado y valorado, pero también algo demasiado cómodo y limitado para la evolución del individuo, pues no podía desarrollar y poner a prueba sus capacidades de adaptación. Tampoco evolucionaba en términos de conocimientos y en diversidad de experiencias de la vida. Conservar a toda costa el trabajo de siempre era también un indicador de tener arraigado fuertes sentimientos de apego y resistencias al cambio y por eso uno se resistía a cambiar. Sería interesante analizar lo que está por detrás del querer mantener "el trabajo de toda la vida". Puede que no se trate solamente del sostén al nivel económico, sino que puede revelar algo más profundo que eso, como son los sentimientos de miedo, miedo al fracaso, miedo al éxito, apegos, resistencias al cambio, falta de autoconfianza, etc. Creo por tanto que la situación que vivimos actualmente viene a poner en evidencia que el ser Humano tiene sentimientos y emociones que le impiden actuar y crear una vida más feliz. Es importante tomar verdadera Conciencia de los patrones que nos mueven. El viejo paradigma de pensamiento está totalmente obsoleto y hemos de desarrollar nuestra capacidad de adaptación para hacer frente a los nuevos tiempos que estamos viviendo, saliendo de esa "zona de confort" y demostrando realmente aquello que somos y valemos. ¡Somos muchos más capaces de lo que podemos imaginar! Tenemos muchos más recursos internos de los que creemos, y por eso tenemos ahora una excelente oportunidad de poder desarrollarlos y aplicarlos.


Tus circunstancias ¡no son tu!

Independientemente de lo que estés viviendo es de vital importancia que puedas mantener a salvo tu Autoestima. Si te han echado del trabajo comprende que no se trata de ti. Se trata de una cuestión de la empresa en la que trabajabas. No eres tu el que no es válido o útil a la sociedad, por lo tanto no confundas circunstancias externas contigo mismo. ¡Tus circunstancias no son tu! Si estás tratando de conseguir un nuevo empleo y no envías tus solicitudes o propuestas porque piensas que no te van a seleccionar porque hay demasiada gente, date cuenta que ese es un pensamiento tuyo y está co-creando tu futuro. Consigue formas de desarrollar tu autoconfianza para así mitigar ese tipo de pensamientos. No te dejes frenar por los pensamientos y sentimientos limitadores porque tu competidor, tu "enemigo" no está fuera de ti, sino que está dentro! Es con tus pensamientos, creencias y emociones con quien estás competiendo y luchando: quieres una cosa pero sientes otra. Toma Conciencia de lo que es que estás pensando y sintiendo en todo momento pues ese es el tesoro que tienes para a partir de ahí transformar y cambiar tu vida.


Antes de todo aprende formas de cambiar tus pensamientos y tus creencias, detectando de dónde provienen (la mayoría vienen de la educación que has recibido cuando eras un niño) para entonces poder cambiarlos. Si cambias la causa automáticamente estarás cambiando los efectos. Comprende que hacer las cosas que hacías antes ya no produce resultados. Producían resultados en el pasado, pero estás viviendo en un presente diferente y si quieres conseguir resultados diferentes haz cosas diferentes.


Conyuga tu vida en el presente del indicativo

Una situación que escucho muy a menudo en mis clientes y también cuando la gente habla en la calle, son expresiones conyugadas en el condicional tales como: "Si yo tuviera", "Si esto fuera así o asá" "Si esto pasara" "Si lo otro ocurriera" "Si esto no hubiera pasado", "Si fulano hubiese hecho", "Sí yo fuera", "Si yo hiciese", etc.  ¿Te suenan estas frases? Date cuenta que ninguna de ellas va a cambiar tu vida y contribuir a mejorarla si las sigues repitiendo. No puedes conyugar tu vida en el modo Condicional como "Si tu vivieras". ¡No! Tu estás viviendo ahora, aquí, por lo tanto conyuga tu vida en el Presente del Indicativo. Acepta la situación que vives, enfoca tu atención en las cosas que ya tienes, en las herramientas que tienes para seguir creando la vida que quieres. No enfoques tu energía en lo que no tienes o en lo que podrías tener "si"... Es tiempo y energía desperdiciados y tampoco te ayudan a desarrollar tus capacidades, a valorarte más y no contribuyen a aumentar tu Autoestima.


Ante toda y cualquier circunstancia que vivas trata de mantener a salvo por todos los medios que puedas el sentimiento sobre ti mismo. No te menosprecies, no te critiques o te juzgues por las circunstancias que vives. "No vendas tu alma al diablo". Quiero con esta expresión decir que no estés viviendo un infierno de emociones que sólo te van a dejar estancado, deprimido y sintiéndote mal contigo mismo. Respétate a ti mismo, valórate por lo que eres como persona. Todo es válido con tal de que te sientas bien. Si crees que necesitas un pequeño empujón y dispones de los recursos financieros acude a un buen Terapeuta de Autoestima, o Terapeuta Emocional con tal de ayudarte a mantener a tono tu estado emocional. Es lo más importante, pues la forma en cómo te sientes internamente se va a reflejar y proyectar en todo lo que vivas externamente. Quieras o no, lo aceptes o no, estés de acuerdo o no, tu realidad externa es solamente un reflejo de tu realidad interna. Si cambias tu interior, estarás cambiando tu exterior. Acéptalo, pues cuanto antes lo hagas, más rápido podrás avanzar en el camino de tu vida. Estás aquí en esta vida para ser feliz, para dar lo mejor de ti, para evolucionar, para crecer y para brillar! Recuérdalo siempre. Cree y confía en ti mismo. ¡Tu autoconfianza es el más preciado tesoro que puedes tener!



Autoestima: Dime cómo te tratas y te diré quien eres


Autoestima es una palabra que se utiliza mucho hoy en día. Ni siempre de la forma más adecuada, ya que a menudo se confunde autoestima con el ego, con arrogancia, con altivez, con egoísmo, cuando en realidad eso es lo que está más lejos de una autoestima elevada. Entonces, ¿qué es la autoestima? ¿Cómo se puede medir la autoestima? ¿Qué hacer para aumentar nuestra autoestima?

Tener una autoestima elevada y sana implica un verdadero y profundo autoconocimiento pues sólo podemos amar y apreciar aquello que conocemos.

Durante mucho tiempo en nuestra vida la aceptación de uno mismo estaba subyugada por la aceptación que teníamos por parte de nuestros padres, por otros adultos de referencia y más tarde por parte de nuestros amigos etc. No nos enseñaron que éramos perfectos tal y como éramos. Muchos de nosotros no hemos recibido el suficiente afecto o atención de nuestros padres. Además a partir de la adolescencia el rechazo para muchos ha ido en aumento. Hemos recibido mucha desaprobación durante muchos años: algunos durante la infancia, otros mayoritariamente en la adolescencia. ¿Cuántos de nosotros han fingido ser lo que no eran en realidad? ¿Cuántos de nosotros hemos recibido señales de desaprobación de nuestros padres,  de los familiares, de los amigos o compañeros de escuela, incluso del resto de la sociedad? Toda la desaprobación o crítica que hemos recibido no puede producir resultados emocionales positivos en la edad adulta. Llegamos a adultos con muchas heridas emocionales, algunos hasta con verdaderos traumas. Esto es tanto o más grave si consideramos la programación psicológica y emocional negativa que nos ha quedado grabado en nuestro inconsciente, lo que originó que escondiéramos cada vez más nuestra propia esencia, aquello que en verdad sentimos y pensamos y que por ello hemos tenido que construir un personaje que no somos nosotros en realidad. Nos han enseñado a rechazarnos a nosotros mismos, que no éramos normales, que algo estaba mal con nosotros mismos, que no podíamos ser lo que éramos en realidad.

Todo lo que nos han enseñado de niño y/o durante la adolescencia sigue perpetuándose en nuestro inconsciente emocional en la edad adulta pues aunque no nos demos cuenta seguimos repitiendo las mismas pautas aprendidas. Cuando no nos aceptamos plena, verdadera y profundamente a nosotros mismos jamás podremos aceptar a los demás. Es importante saber que la crítica es una pauta que tiene su origen en algo nuestro que no aceptamos de nosotros mismos que podrá ser un pensamiento o una creencia inconsciente, los demás siempre reflejan algo de nosotros mismos. Las personas que nos rodean y que mayoritariamente atraemos a nuestra vida reflejan pautas similares a las nuestras, son como espejos que nos permiten ver reflejado en ellos aquello que nosotros no lo vemos con tan facilidad. Para entenderlo mejor es como si físicamente las demás personas fuesen pequeños espejos que según estén posicionados van reflejando alguna parte de nuestro cuerpo. La cuestión es que las personas que se cruzan en nuestra vida no reflejan una parte física nuestra sino que una parte emocional o mental. ¿Por qué no podemos ver entonces esas partes nuestras? Porque llevamos muchos años escondiéndolo y nos hemos acostumbrado a ello. Lo que nosotros vemos en los demás que nos gusta refleja aquello que aceptamos, aprobamos y valoramos en nosotros y lo que observamos en los demás que no nos gusta refleja algo de nosotros que rechazamos. Puede ser difícil aceptarlo pero es la realidad. Literalmente atraemos a nuestra experiencia personas con características similares quiere lo aceptemos o no. Cuando las personas que aparecen en nuestra vida nos gustan especialmente, tendencialmente las apreciamos y muy raramente nos preguntamos por qué aparecen esas personas en nuestra vida. No obstante cuando nos aparece alguien que no nos gusta gastamos horas cuestionándonos sobre el por qué nos apareció esa persona y lo qué tenemos en común. Hasta nos preguntarnos qué mal habremos hecho para que semejante persona aparezca en nuestra vida pero muy pocas veces nos preguntamos: “¿qué parte de mi esta persona está reflejando?” “¿Qué existe dentro de mí que atrae a una persona con estas características?” Al tratarse de una situación conflictiva es difícil asumir esto. Pensamos automáticamente que el problema, o el defecto lo tiene el otro. Y ahí nace la crítica. ¿Será esa la razón por la cual personas con características idénticas, aparecen una y otra vez en nuestra vida? ¿Como si fuera el mismo personaje, pero con distintos disfraces? Posiblemente esta persona refleja una parte nuestra que precisamente en nuestra tierna edad la hemos manifestado y nos fue indicada que era inapropiada, incorrecta, y por lo tanto nos enseñaron que deberíamos rechazarla.

Ahora bien, ante semejante situación ¿qué pasa con las relaciones de pareja? ¿De quienes nos enamoramos? En el mundo gay y lesbiano, las personas inevitablemente se enamoran con frecuencia de personas con pautas muy similares. Si uno no se conoce, acepta y ama a uno mismo, ¿cómo podrá hacerlo con los demás? Nadie puede dar de una cesta donde no hay. Si no nos amamos verdaderamente a nosotros mismos jamás podemos amar y aceptar a los demás. De forma que en la relaciones de pareja, al cabo de muy poco tiempo de haber empezado terminan. Una de las razones es esta: No podemos aceptar a los demás porque no nos aceptamos y aprobamos a nosotros mismos primero. Se forman relaciones de codependencia en las cuales ponemos la responsabilidad de nuestra felicidad y de cuidarnos  en las manos de alguien que apenas nos conoce. Y, lo que es peor, queremos asumir el compromiso de hacer lo mismo. Este tipo de situaciones obviamente no puede resultar en algo positivo y satisfactorio para ambas partes. No podemos ser responsables por la felicidad de los demás. Sólo podemos ser responsables de nuestra felicidad. Y no se trata aquí de ser egoísta sino de cuidarse primero a uno mismo.  Entonces se asiste a que una y otra vez pasamos de relación en relación con el objetivo de camuflar nuestra falta de autoestima y nuestra carencia de afecto y de amor, buscando algo especial, buscando algo que nos llene, cuando en realidad lo que buscamos es el amor hacia uno mismo, nuestra propia aprobación. A añadir a todas las heridas pasadas en la infancia o adolescencia nos deparamos ahora con un sinfín de relaciones que conocen la palabra “FIN” muy pronto. ¡Es una situación muy agotadora! ¡Hay que ser muy fuerte emocionalmente para poder seguir manteniendo situaciones de este tipo!

Esta es una de las razones por las cuales buscamos formas de compensación emocional que puedan llenar este vacío interno y es cuando surgen las adicciones y otras conductas obsesivas. Una de las adicciones es pues el sexo. Existen muchos tipos de adicción y la del sexo es simplemente una forma más de adicción. Es una forma de compensación emocional. Buscamos en los demás aquello que hasta el momento no podemos ofrecernos a nosotros mismos: atención, aprobación, cariño, amor. Centramos llenar esa carencia a través de otra persona que creemos nos lo va a dar. Pero luego no funciona porque esa persona busca lo mismo. Si una persona tiene una carencia que intenta llenar con una persona que padece la misma carencia, ¿que obtenemos? Cómo mínimo más frustración… Y esto no significa que seamos malas personas o que no valgamos, ¡No! Al contrario. Como dice Louise Hay, todos hacemos lo mejor que podemos con el conocimiento, la comprensión y el entendimiento que tenemos en ese momento, y cuando aprendamos más haremos las cosas de forma diferente.

Es importante ser conscientes de cuáles son nuestras carencias y de intentar solventarlas a través de nosotros mismos, apoyándonos más, siendo muy pacientes con nosotros mismos, sanando heridas emocionales quizás con nuestros padres o amigos, y a partir de ahí emprender un viaje personal de mayor felicidad y con más esperanza. Durante ese proceso de autoconocimiento pueden surgir sentimientos y emociones que desconocíamos y que al esconderlas durante tanto tiempo, cuando afloran no sabemos manejarlas porque no estamos familiarizados con ellas. Las hemos guardado durante mucho tiempo y por eso no sabemos identificarlas ni definirlas, y menos aún, comprender el por qué están ahí. Si se tratan de nuestras limitaciones o llamados defectos nos resulta difícil aceptarlos y manejarlos lo que puede originar sentimientos aún más negativos como la culpa o la vergüenza, y si son cualidades nos las sabemos potenciar y sacar partido de ellas y por eso la auto-aceptación es de vital importancia. Esto no significa que nos tiene que gustar todas nuestras características, pero sí reconocerlas y aceptarlas. Es muy parecido a lo que ocurre con nuestros seres queridos. No siempre nos gustan todas sus características, no obstante las aceptamos. Entonces, ¿por qué no aceptar nuestras características? ¿Sólo porque son nuestras? Hemos de eliminar el concepto que mayoritariamente tenemos de nosotros y que es el de que tenemos de ser perfectos. De hecho ¡ya lo somos! El hecho de que tengamos características que no nos gusten del todo no significa que seamos imperfectos. ¡No! Al contrario, la perfección viene del equilibrio. Y el equilibrio viene de la relación entre una dirección y otra, entre positivo y negativo, del ying y del yang, de forma que tener rasgos positivos y otros negativos significa que somos equilibrados si aceptamos ambas partes y si somos equilibrados ya somos perfectos. ¡Es así de simple! Es importante saber qué es lo que ocurre en nuestro interior y una vez lo tengamos aceptado podemos empezar nuestro trabajo personal de acceder, de desenterrar todo aquello que hemos venido escondiendo desde hace tanto tiempo. Somos emocionalmente muy fuertes y si tenemos la capacidad de recibir un “NO” de una pareja, también somos capaces de decir “SÍ” a una buena relación con nosotros mismos. Es una cuestión de decisión.

De esta forma podremos empezar a sustituir la pauta mental de “Yo soy diferente” por simplemente “YO SOY.”



¡Marca una cita contigo mismo!


Quizás pueda sorprender a algunas personas afirmar que tener una Autoestima sana o elevada es una decisión de cada uno. El lector que ahora mismo está empezando a leer este artículo podrá pensar “¡Vaya comienzo!... ¿Ahora me dicen que soy yo quien decide odiarme, criticarme y que soy responsable de todo lo que me pasa en mí vida? ¡Era lo que faltaba! Como respuesta a ese pensamiento puedo decirte que sí, que ha sido y sigue siendo una decisión tuya. Lo que aún no te he dicho es que esa decisión haya sido tomada de una forma consciente, por lo que imagino que en este momento habrás suspirado y pensado: “Vaya… ¡menos mal!”. La Autoestima es algo muy importante. Es más que eso: es la raíz, la base que sostiene todos los pilares de tu vida. Hay que saber a qué nos referimos cuando hablamos de Autoestima y entender la profundidad que hay detrás de ese concepto, que va mucho más allá de lo que muchas veces creemos.

La Autoestima está relacionada con nuestra autovaloración, con el resultado de todo lo que pensamos, sentimos y creemos sobre nosotros mismos. Considero que la Autoestima es como la “quinta esencia” de las personas, la determinamos según la conexión y el profundo respecto que tenemos con nuestro ser interior, con nuestra esencia. Es algo intrínseco a nuestra alma y define la forma en cómo comandamos el barco de nuestra vida. Es dónde reside nuestro poder. Creo que la mayoría de nosotros no tenemos la más mínima idea de lo que somos capaces,  hasta dónde podemos llegar y lo que podemos conseguir cuando de verdad confiamos en nosotros mismos. ¿Te has preguntado alguna vez o te has puesto a prueba sobre lo que puedes conseguir en tu vida?

Para quererte y cuidarte más a ti mismo es necesario primero que sepas quien eres, que te conozcas. Para ello hay que pasar mucho tiempo a solas ya que los momentos de introspección y reflexión son muy importantes. Si tienes una vida social demasiado ocupada, tal vez encuentres en ello la excusa perfecta para no encontrar el  tiempo y la disponibilidad mental y emocional para conectar con tu ser interior, con tu esencia. Cuando pasas tiempo a solas eres confrontado contigo mismo y eso es esencial para tú autoconocimiento. Si no te conoces lo suficiente, ¿Cómo vas a dar lo mejor de ti? ¿A caso conoces las habilidades y dones que puedes potenciar para dar lo mejor de ti? ¿Sabes cuáles son tus limitaciones? El viaje del auto-conocimiento puede ser un viaje bonito y emocionante si así lo decides. A mí siempre me gusta dar el siguiente ejemplo: ¿Qué hacemos cuando conocemos a una persona de la que nos enamoramos? Queremos pasar tiempo con ella, ¿verdad? ¿Y con qué objetivo? A parte de disfrutar de su compañía, es también para conocerla mejor. Nos interesa saber más de esa persona para saber si es “la persona adecuada”. Y lo hacemos pasando tiempo con ella, la invitamos a cenar, a ir al cine, a pasar un fin de semana en la playa o en la montaña, pero en resumen se trata de pasar tiempo con esa persona. Ahora bien, ¿haces lo mismo contigo? ¿Disfrutas de tu propia compañía para ir a cenar, al cine, a la playa o a la montaña? Muchas de las personas puede que incluso lleguen a hacerlo, pero mientras dura el viaje se sienten solas, tristes o con la sensación de que les “falta algo”. Entonces, ¿cómo puedes conocerte bien si apenas pasas tiempo contigo mismo, o si permanentemente sientes la necesidad de distraerte con alguien?

Muchas personas evitan el estar a solas precisamente para no ser confrontadas con sus propios pensamientos y emociones, y a veces no se soportan a ellas mismas. Tal vez porque sienten miedo. Lo curioso es que ¡sienten miedo de ellas mismas! Miedos basados en un sistema de creencias negativas, totalmente falsas y limitadoras. No se conocen a ellas mismas y además rechazan la idea de hacerlo. Si no disfrutas de estar contigo mismo, ¿cómo van a disfrutar los demás de tu compañía?

Si te conoces bien a ti mismo sabrás y comprenderás por qué tu vida es como es, porque todas las áreas de tu vida no son más que el reflejo de tu realidad interior. La forma en cómo te relacionas internamente contigo se ve reflejada en tu realidad externa la cual es un excelente espejo que te ayuda a identificar, en el caso que no estés satisfecho con tu vida, cuáles son tus carencias y qué es lo que puedes cambiar, o, si por el contrario estás satisfecho con tu vida, reconocer cuáles son tus dones y potenciarlos. El verdadero problema reside en que la mayoría de las personas cree que se conocen, cuando en realidad es todo lo contrario. El primer paso es reconocerlo y sólo a partir de ahí se podrá emprender el gran viaje del autoconocimiento.

Para empezar, yo te sugiero que marques una cita contigo mismo para tomar un café y conocerte mejor. Suena como una broma, pero no lo es y tampoco se trata de una locura, en realidad se trata de una urgencia, pues si no sabes en lo que eres bueno no podrás servir al mundo. Para que puedas iniciar la tarea de aumentar la confianza en ti mismo primero tendrás que conocerte mejor. ¿Confías en los desconocidos? Si en este momento tú eres un desconocido para ti mismo, trata de conseguir formas y adquirir las herramientas necesarias para conocerte más, aprender a cuidarte, respetarte y amarte más. ¡Recuerda que tú eres la persona con la cual pasarás el resto de tu vida!



La disposición al cambio


Para llevar a cabo cualquier tarea relacionada con el Desarrollo Personal o con la Autoestima, existe un punto clave, el cual constato por mi experiencia que es olvidado, obviado o no siempre tenido en cuenta: hablo pues de la disposición al cambio. Es el primer paso, el punto cero para crecer como persona y evolucionar como alma.

Todos hemos venido a este mundo para aprender y evolucionar espiritualmente y también para crecer y evolucionar desde una perspectiva física, terrenal y material, y aunque ambos tipos de evolución pueden darse a la vez no todos partimos del mismo punto. Esto no quiere decir que estemos unos por delante de otros, de hecho, yo pregunto: ¿Qué es estar por delante? ¿Y con relación a qué o a quién? ¿Basado en qué medida? Cada uno de nosotros viene de puntos diferentes pero sea cual sea la senda por la que caminamos, la Naturaleza, la Vida, se encarga de impulsarnos siempre hacía delante. El Universo quiere que evolucionemos, que crezcamos y nos desarrollemos y son nuestras creencias aprendidas las que ofrecen resistencias a esa evolución.

La Naturaleza tiene su propia inteligencia y forma de interactuar con nosotros por lo que si hay demasiadas resistencias inconscientes al cambio nos lo hará saber haciéndonos conscientes de ellas (¡y bien!) ya que se revelaran a través de emociones muy incómodas, también denominadas negativas, e incluso con sus correspondientes síntomas físicos y a veces hasta con determinados tipos de enfermedades. Nuestras resistencias normalmente se manifiestan a través de comportamientos de inflexibilidad, rigidez, irritabilidad, pereza que no son más que miedos que se presentan en sus diferentes formas. Queremos evolucionar, ¡pero tenemos miedo! Se trata de querer que todo sea como siempre fue. De hecho nos gustan mucho los conceptos tales como: "de toda la vida"; "Para toda la vida"; "Para siempre"; "Estabilidad", y otros términos relacionados. Añadido a los miedos que podemos sentir nos falta también el estar verdaderamente dispuestos a cambiar. Sería importante que tuviéramos en cuenta que la Vida en sí misma es un cambio permanente. Lo queramos o no, estemos de acuerdo o no, lo aceptemos o no, siempre estamos cambiando, y no lo podemos ni siquiera evitar. Si ahora mismo miraras tu piel al microscopio verías ciertamente miles y miles de células que en todo momento están muriendo y otras que se están formando. Entonces, si la vida es en sí misma cambio, ¿Por qué no hacer de ella un viaje más fácil, fluido y placentero aceptando todos los cambios con más tranquilidad?

¿Qué te sugiere la palabra cambio? ¿Qué sientes cuando piensas en esa palabra?  ¿Es miedo? ¿Apego? ¿Miedo a perder? ¿Miedo a ganar? ¿Rigidez? ¿Inflexibilidad? ¿Rabia? Si quieres cambiar algo en tu vida, primero revisa lo que sientes con relación a los cambios para que puedas mantener sanas tus emociones y prepararte para el cambio. Si lo que sientes con relación al cambio es incómodo, o es negativo, posiblemente los resultados podrán verse afectados por ese estado emocional adyacente, por lo que ante una inevitable situación de cambio, lo mejor que puedes hacer para seguir hacía delante y sin demasiados "efectos colaterales", será mantener el tono de tu estado emocional. No puedes controlarlo todo en el mundo exterior. Pero si cambias tu interior entonces tu exterior será un maravilloso reflejo de  tu interior. Como ejemplo de esto me gusta la metáfora del espejo en la que si te miras al espejo y te ves despeinado, ¿A quién peinas? A la imagen reflejada en el espejo o a ti mismo? Pues con nuestros patrones mentales y emocionales, con nuestro mundo interior ocurre exactamente lo mismo. Poner excesiva atención en cambiar lo exterior es una pérdida de tiempo y energía y muchas veces totalmente improductivo. Hemos de estar abiertos y receptivos a los cambios exteriores pero a la vez ir cambiando nuestro interior para que la adaptación y la evolución sean harmoniosas.

Yo sugiero que cualquiera que sea la dirección hacía dónde te dirijas, que aceptes el cambio y que te dejes fluir por la Vida con suavidad, sin resistencias, sin sufrimiento. Abre los brazos al cambio. Es esencial darle la bienvenida, y es que en los tiempos que actualmente estamos asistiendo ya no hay otra forma  de vivir. Pero cambiar significa también decisión y responsabilidad. Si nos hacemos responsables de nuestra vida y realmente queremos y decidimos cambiar el Universo nos dará la mano y nos apoyará en todo proceso de cambio, pero eso sí, hemos de estar realmente dispuestos y tener la conciencia de que si nos resistimos demasiado a cambiar eso es una negativa hacía la vida. Afirmar que no quieres cambiar es casi equivalente a decir que no quieres vivir. Estar dispuesto a cambiar es fomentar tu Poder Personal y mantener a salvo tu Autoestima.

Para llevar a cabo cualquier tarea relacionada con el Desarrollo Personal o con la Autoestima, existe un punto clave, el cual constato por mi experiencia que es olvidado, obviado o no siempre tenido en cuenta: hablo pues de la disposición al cambio. Es el primer paso, el punto cero para crecer como persona y evolucionar como alma.

Todos hemos venido a este mundo para aprender y evolucionar espiritualmente y también para crecer y evolucionar desde una perspectiva física, terrenal y material, y aunque ambos tipos de evolución pueden darse a la vez no todos partimos del mismo punto. Esto no quiere decir que estemos unos por delante de otros, de hecho, yo pregunto: ¿Qué es estar por delante? ¿Y con relación a qué o a quién? ¿Basado en qué medida? Cada uno de nosotros viene de puntos diferentes pero sea cual sea la senda por la que caminamos, la Naturaleza, la Vida, se encarga de impulsarnos siempre hacía delante. El Universo quiere que evolucionemos, que crezcamos y nos desarrollemos y son nuestras creencias aprendidas las que ofrecen resistencias a esa evolución.

La Naturaleza tiene su propia inteligencia y forma de interactuar con nosotros por lo que si hay demasiadas resistencias inconscientes al cambio nos lo hará saber haciéndonos conscientes de ellas (¡y bien!) ya que se revelaran a través de emociones muy incómodas, también denominadas negativas, e incluso con sus correspondientes síntomas físicos y a veces hasta con determinados tipos de enfermedades. Nuestras resistencias normalmente se manifiestan a través de comportamientos de inflexibilidad, rigidez, irritabilidad, pereza que no son más que miedos que se presentan en sus diferentes formas. Queremos evolucionar, ¡pero tenemos miedo! Se trata de querer que todo sea como siempre fue. De hecho nos gustan mucho los conceptos tales como: "de toda la vida"; "Para toda la vida"; "Para siempre"; "Estabilidad", y otros términos relacionados. Añadido a los miedos que podemos sentir nos falta también el estar verdaderamente dispuestos a cambiar. Sería importante que tuviéramos en cuenta que la Vida en sí misma es un cambio permanente. Lo queramos o no, estemos de acuerdo o no, lo aceptemos o no, siempre estamos cambiando, y no lo podemos ni siquiera evitar. Si ahora mismo miraras tu piel al microscopio verías ciertamente miles y miles de células que en todo momento están muriendo y otras que se están formando. Entonces, si la vida es en sí misma cambio, ¿Por qué no hacer de ella un viaje más fácil, fluido y placentero aceptando todos los cambios con más tranquilidad?

¿Qué te sugiere la palabra cambio? ¿Qué sientes cuando piensas en esa palabra?  ¿Es miedo? ¿Apego? ¿Miedo a perder? ¿Miedo a ganar? ¿Rigidez? ¿Inflexibilidad? ¿Rabia? Si quieres cambiar algo en tu vida, primero revisa lo que sientes con relación a los cambios para que puedas mantener sanas tus emociones y prepararte para el cambio. Si lo que sientes con relación al cambio es incómodo, o es negativo, posiblemente los resultados podrán verse afectados por ese estado emocional adyacente, por lo que ante una inevitable situación de cambio, lo mejor que puedes hacer para seguir hacía delante y sin demasiados "efectos colaterales", será mantener el tono de tu estado emocional. No puedes controlarlo todo en el mundo exterior. Pero si cambias tu interior entonces tu exterior será un maravilloso reflejo de  tu interior. Como ejemplo de esto me gusta la metáfora del espejo en la que si te miras al espejo y te ves despeinado, ¿A quién peinas? A la imagen reflejada en el espejo o a ti mismo? Pues con nuestros patrones mentales y emocionales, con nuestro mundo interior ocurre exactamente lo mismo. Poner excesiva atención en cambiar lo exterior es una pérdida de tiempo y energía y muchas veces totalmente improductivo. Hemos de estar abiertos y receptivos a los cambios exteriores pero a la vez ir cambiando nuestro interior para que la adaptación y la evolución sean harmoniosas.
Yo sugiero que cualquiera que sea la dirección hacía dónde te dirijas, que aceptes el cambio y que te dejes fluir por la Vida con suavidad, sin resistencias, sin sufrimiento. Abre los brazos al cambio. Es esencial darle la bienvenida, y es que en los tiempos que actualmente estamos asistiendo ya no hay otra forma  de vivir. Pero cambiar significa también decisión y responsabilidad. Si nos hacemos responsables de nuestra vida y realmente queremos y decidimos cambiar el Universo nos dará la mano y nos apoyará en todo proceso de cambio, pero eso sí, hemos de estar realmente dispuestos y tener la conciencia de que si nos resistimos demasiado a cambiar eso es una negativa hacía la vida. Afirmar que no quieres cambiar es casi equivalente a decir que no quieres vivir. Estar dispuesto a cambiar es fomentar tu Poder Personal y mantener a salvo tu Autoestima.



Conciencia y autoresponsabilidad


Hoy en día escuchamos muy a menudo palabras y expresiones como “conciencia”, “ser interior”, “conexión interior”, “ser superior”, “autoestima”, y todo un conjunto de “nuevas expresiones” que se usan para definir un poco más aquello que somos. Escribo “nuevas expresiones” entre comillas porque, en realidad no son nuevas. Eso sí, ya existían hace mucho, quizás no tan enraizadas en nuestra cultura occidental, pero no hemos creado o inventado algo nuevo. De hecho, estas expresiones representan algo que ya existía antes de ser inventadas las palabras que las definen… No obstante, hemos pasado de redescubrir esas palabras y expresiones, a una saturación de su uso, y quizás hasta la “prostitución” de las mismas. Están demasiado utilizadas, las escuchamos por doquiera, pero parece ser que muy pocos son los que tratan de sentir su verdadero significado. Hablo de sentir y no de saber.

Efectivamente sabemos muchas cosas, acumulamos enormes cantidades de información en nuestro cerebro, pero si no practicamos y no aprendemos desde la experiencia, si no lo sentimos realmente entonces lo entendemos, pero no lo sabemos.  ¿Qué pasa con nosotros? ¿A dónde queremos llegar? ¿Qué necesitamos saber? ¿Qué nos falta aprender? Se constata que, de aquello que somos, para tomar conciencia de ello, para saberlo y entenderlo, hemos dado una vuelta enorme, pasando por un sinfín de conceptos y teorías, para, al final, terminar en el punto de partida. Aprendemos mucho, hacemos cursos, talleres de auto-crecimiento y luego parece como si nada de eso nos valiera… ¿Por qué? ¿No era de esperar un resultado más positivo? La cuestión está en que hemos querido racionalizarlo todo. Entenderlo todo. Hacer una especie de cirugía a nuestra Alma para entender algo para lo que la mente no fue preparada. ¿Por qué? Porque una cosa es la mente y la otra es nuestra Alma. Es la diferencia entre Ser y Personalidad. Por lo tanto, tienen funciones distintas. Entonces ¿por qué insistir en mezclarlas?

Me parece especialmente interesante que queramos conocernos cada día más, que queramos aumentar nuestra autoestima, hacernos sentir mejor con nosotros mismos y con los demás, pero si hablamos de sentir, ¿por qué insistir en saber? Hoy en día se habla de autoestima demasiado. Y las cosas ya van a tal nivel de confusión que ya se confunde autoestima con ego, con arrogancia, con altivez y con egoísmo… No obstante, y como referí anteriormente, la palabra autoestima está prácticamente prostituida. Demasiado utilizada. Yo sugeriría empezar a volver a utilizar la palabra “autoconfianza”. Me parece más profunda.


El principio de Yo

Las religiones empezaron por crear un filtro que, de alguna manera dificultó nuestra conexión con nosotros mismos. En vez de llegar a una conexión con nuestro ser interior o ser superior, hemos tenido que pasar primero por conectar con un “representante”. Y si ese “representante” acaso representó el papel de “morir por nosotros” entonces, el sentimiento de culpabilidad nos desvía del camino del Amor hacía nosotros mismos, sustituyéndolo por un sentimiento de culpa por simple hecho de existir. Con lo cual, de alguna manera ya nos fue inculcado que somos malos por el hecho de existir. Entonces si somos malos, no podemos merecer lo mejor de la vida. Y mientras nos distraemos con semejantes pensamientos, difícilmente podemos llegar a sentir nuestra verdadera y divina esencia. Como este fue el ejemplo a seguir, el modelo, hemos seguido y repetido la misma pauta, no con el “representante” religioso, sino entre nosotros. Veamos: Hoy en día se ha convertido en una especie de crimen ser diferente. Ser uno mismo. El que es diferente es ridicularizado y condenado. En lugar de expresar, admirar y encorajar la contribución que cada uno pueda hacer, lo condenamos. Esto es gravísimo si tenemos en cuenta que, por un lado lo estamos haciendo los unos a los otros y, por otro lado, no nos damos cuenta que al hacerlo con los demás, lo hacemos con nosotros mismos. ¿Por qué? Porque nuestro subconsciente no distingue el tu del yo. ¡Somos uno! Entonces, al condenar al otro lo estamos haciendo a una parte nuestra también. ¿Cómo podemos entonces Amarnos a nosotros mismos si constantemente nos estamos auto-coartando nuestra propia individualidad, nuestra singularidad, nuestra esencia, lo que nos hace únicos y especiales? Si en un principio nos negamos a sernosotros mismos ¿cómo vamos a tomar las riendas y ser dueños de nuestra vida? Si nos condenamos tanto, ¿cómo nos autoresponsabilizarnos de nuestros actos y de nuestra vida? No podemos tomar ninguna acción si luego será condenada. Somos seres humanos por lo tanto existen sentimientos que tenemos y que se llaman miedo y culpa. Entonces, no podemos responsabilizarnos de nuestra propia vida porque nos dará miedo la no aprobación de los demás, nos podemos sentir culpables, de modo que, como no queremos tener ese sentimiento, ¿qué hacemos con él? Lo trasladamos. Con lo cual a partir de aquí, todos los errores pasarán a ser parte y responsabilidad del “otro”. ¡Jamás nuestro! Olvidamos que los demás son un reflejo de nosotros mismos. Ignoramos que el mundo exterior no es más que un reflejo de nuestro mundo interior. Y eso no es vivir con Conciencia y autoresponsabilidad. Esta no es una forma de vivir feliz. ¿Qué significa entonces tomar la responsabilidad de nuestra vida? ¿Qué tenemos que hacer? ¿En qué Master hemos de matricularnos para aprender a ser mejores personas y ser felices?

Como decía al inicio de este artículo, hemos dado una vuelta enorme para al final volver a llegar al punto de partida. Si sabemos que andamos en círculos en vez de en línea recta, también sabremos que vamos a estar siempre perdidos. Es como caminar por el desierto o por la selva. ¿Qué camino tomar para seguir adelante y en línea recta? Tenemos algo dentro de nosotros que se llama intuición. Es la forma que nuestra Alma tiene de contactar con nosotros. Esta intuición, que a veces no queremos escuchar, siempre, y vuelvo a repetir, siempre nos da la orientación exacta del camino a seguir. ¿Y si probáramos de escuchar a esa voz interior? ¿Qué nos gusta realmente? ¿Qué nos apetece ahora mismo? ¿Con quien nos gusta estar? ¿Dónde nos apetece ir? Es tan solo a esto que tenemos que dar atención. Todos nosotros sabemos perfectamente que es lo que nos conviene, qué es lo que nos hace falta. Entonces ¡hagámoslo! Eso es nuestra conexión interior, es confiar en nosotros mismos. Es tener Conciencia. Es nuestra Autoconfianza, o si lo prefieren, nuestra Autoestima. Lo mejor de todo esto es que ¡podemos hacerlo!


El camino hacia la autoresponsabilidad

Antes cuando se pensaba en el término – responsabilidad – se asociaba al hecho de hacer las cosas lo mejor posible, al perfeccionismo. Pero también ser responsable de algo que se hacía mal y que resultaba en consecuencias “negativas” (y lo digo entre comillas porque realmente no existen acciones negativas ni positivas, existen acciones. Punto.), o en una situación menos feliz, en este caso la palabra responsabilidad se asociaba a la culpa. Uno era el culpable de esa situación. Efectivamente, hemos generado esa acción, somos responsable de ella, pero no culpables. Ser responsable implica comprender y aceptar que todas nuestras acciones tienen consecuencias. Sean ellas “buenas” o “malas”. Es una de las leyes de la física: Acción – Reacción. Solo eso. Todo lo que hagamos en este momento tendrá una reacción a corto, medio o largo plazo dependiendo de la acción tomada, pero no somos culpables en el sentido que seremos castigados por lo que hemos hecho. No. Cuando tomamos una acción que no sea la más correcta, la más adecuada, es decir, la más consciente, es probable que las consecuencias no sean las esperadas. Tener eso en cuenta es tener conciencia y responsabilidad. Muchos de nosotros llevamos la vida paliando consecuencias negativas de acciones tomadas en el pasado. Algunas recientes, otras no tanto, y otras cuyas consecuencias están tan separadas en el tiempo que no nos acordamos y no asociamos a una determinada acción concreta. Y a veces, ni lo podemos hacer, porque en nuestras vidas pasadas también hemos tomado determinadas acciones. A eso se le llama Karma – a un conjunto de acciones tomadas anteriormente y que, al no sacar un aprendizaje, al no integrarlas, al no aceptarlas, vuelven a aparecer hasta que las superamos y aprendemos la lección -. ¿Y qué podemos hacer? No nos queda otra opción que actuar en el presente. No nos sirve absolutamente de nada lamentarnos o culpabilizarnos a nosotros o a los demás, por los actos cometidos anteriormente. Es una pérdida de tiempo. Es una excusa para no actuar Aquí y Ahora. Simplemente hay que Actuar. Actuar de forma que, si de un lado paliamos una consecuencia negativa de algo pasado, por otro lado, empecemos a emprender acciones en el presente, tomadas de una forma más consciente con el objetivo de ser creadores de nuevas consecuencias más positivas. Si asumimos el hecho de que hemos sido creadores de algo que actualmente lo experimentamos como negativo, entonces también podemos ser creadores de algo que en el futuro podamos experimentar como algo positivo. Que en cualquiera de los casos no se trata de vivir en esta dualidad de positivo o negativo. Las cosas simplemente son.

Es importante que de cada situación podamos sacar un aprendizaje. Podemos preguntarnos: “¿Qué he aprendido de esta experiencia? ¿Qué me ha aportado?, ¿Me ha hecho crecer más como persona?”. Y con base a ese aprendizaje, integrarlo en el sentido de que sintamos que tenemos la responsabilidad de lo que hicimos, pero que ahora podemos hacer las cosas de una forma diferente. Cuando nos sentimos culpables eso no es posible. Porque cuando nos sentimos culpables estamos perdiendo el tiempo sufriendo y quejándonos de lo sucedido, nos estamos haciendo daño. Y ese no es un buen medio para aprender. Aprender es comprender desde la experiencia, es sentir como ya hemos visto. No nos sirve absolutamente de nada estar reprochándonos a nosotros mismos continuamente por lo que hicimos. Hicimos. Punto. Está hecho. No podemos viajar en el tiempo, ir atrás y cambiar la acción tomada.


Enfocar la atención en lo que quieres

Es importante por eso saber lo que uno quiere y enfocarse en ello. ¿Qué es lo que queremos? ¿Nos estamos enfocando de la forma más correcta en ello? La mayoría de las veces la forma que tenemos de enfocarnos en lo que “queremos” es poner la atención en la falta, a la inexistencia de lo mismo. Por ejemplo: Nos enfocamos en que queremos tener más dinero (hago aquí una referencia al dinero y no a la salud o a las relaciones, porque estamos atravesando un momento de crisis económica, no porque este sea el tema más importante de nuestra vida…). Entonces leemos libros, sabemos mucho como enfocarnos en algo que queremos, pero ¿lo estamos haciendo correctamente? Quiero decir, ¿estamos enfocando nuestra atención al dinero que podemos tener (pero que aún no lo tenemos), basándonos en la carencia del mismo en el momento presente, o estamos contentos por una situación presente que al enfocarse en ella nos generará aún más contentamiento? Aquí reside la gran diferencia y que parece ser que no está bien aclarada del todo. Cuando leemos libros del tipo “El Secreto”, y otros, nos parece todo muy fácil. Nos parece que solo con pensar ya lo tenemos todo. Y, claro, luego si no lo conseguimos ¿que tenemos? Frustración, falta de fe e incredibilidad en estos temas. Quizás no nos fue bien aclarada la forma en que debemos enfocarnos. Que seguramente está ahí, pero, si es tan clara, ¿por qué es tan difícil? La cuestión está en que debemos realmente enfocarnos en lo que queremos poniendo la atención en lo que ya tenemos en este momento. No en lo que podremos tener en el futuro. Simplemente porque el futuro no existe. Es decir, lo que tenemos es el presente, entonces es en el presente que hay que enfocarse para atraer más de lo mismo y así construir un presente cada día más placentero. No importa qué es lo que queremos, sino que debemos enfocar nuestra atención en la Alegría de aquello que ya tenemos. No en el abstracto de lo que no tenemos. Esa es la diferencia. Es muy simple. Matemáticamente hablando: Si te centras en la nada, lo vas a multiplicar por nada. Y nada x nada = ¡a nada!

Podéis entonces decir: “Pero ¿y si lo visualizamos? Me parece muy bien, pero yo pregunto: “¿qué es lo que sientes mientras estás visualizando? ¿Sientes como si realmente ya lo tienes? ¿De verdad? ¿Consigues sentir esa tranquilidad, ese “respirar hondo” de contentamiento de algo que ya tienes? Si es el caso ¡Felicidades! Eres de los pocos que lo consiguen, pero si no es el caso, ¿qué sentías cuando visualizabas lo que querías? Supongo, entonces que no hará falta aquí explicar que es muy importante, añadido al hecho de que nos enfoquemos en lo que queremos, la Acción. No solamente pensando y visualizando vamos a conseguirlo. Una vez más lo repito: Hay queActuar. Si conseguimos pensar, sentir y emprender las acciones adecuadas, entonces estamos siendo generadores de aquello que queremos. Estamos creando causas que generaran felices consecuencias.  Ahora bien, ¿cómo podemos encontrar esa alegría de lo que tenemos ahora, si  a lo mejor no lo tenemos? Estamos pues, delante de una cuestión en la cual tratamos de sentirnos bien. Se trata, no olvidemos, de la autoconfianza. Y la autoconfianza es el hecho de que nos sintamos bien con nosotros mismos. Entonces pregunto: ¿Hay algo en tu vida con lo que te sientas bien? Piensa un poco… Algo, lo que sea. ¿Tu pareja? ¿Tú casa? ¿Tú empleo? ¿No? Claro, a lo mejor no tienes empleo… Encima de salud no, porque con todo el estrés, te duele la cabeza, tienes contracturas y no digieres bien los alimentos… Menos mal que tienes amigos a los que te puedes quejar… Ah! Espera, eso… A lo mejor tienes muy buenos amigos… ¿Si? ¿Es ese el caso? Entonces, vamos a centrarnos en ello: ¿En cuánto te ayuda en tu vida tener esos amigos? ¿Te escuchan? ¿Sí? ¡Qué bueno! ¿Qué afortunado/a eres, verdad? ¿Sabes cuantas personas no tienen amigos que les escuchen? ¡Pues tú tienes! ¡Entonces alégrate verdaderamente por ello! ¡De momento piensa en ello para alegrar tu existencia! Luego, ¿qué más tienes de bueno en tu vida? ¿Podrías elaborar alguna lista, por muy pequeñita que sea, de lo que tienes y alegrarte por ello? ¡Pues hazlo! Y esto solo tiene un nombre: ¡Gratitud!

La gratitud es el sentirse feliz y contento con aquello que tenemos ahora, aquí, en el presente, y que nos puede mantener en ese estado cada vez que pensemos en ello. Y enfocándonos en ello, estando contentos, alegres, a la vez que actuamos para conseguir lo que queremos, entonces, sí, vamos a conseguir más de lo bueno. Esto es así porque por la Ley de la Atracción es lo que vamos a atraer. Vamos a atraer no solamente las cosas en sí mismas, sino que vamos a atraer el sentimiento de estar felices y contentos durante muchísimo más tiempo. Y así sucesivamente. Porque en realidad eso es lo que queremos: ¡sentirnos bien! ¡Sentirnos felices!


Conciencia de Felicidad

Es increíble como hoy en día oímos a muchas personas hablar de su falta de autoestima como si fuera una cosa que estuviera de moda. Asumimos de antemano que estamos mal, sin a veces, una observación más atenta, más detallada y más profunda hacía nuestro interior. Alguien que cree necesitar constantemente participar en un sinfín de terapias, aunque realmente mejore su estado, el hecho de creer necesitarlo envía información a su inconsciente en la cual se dice a si mismo que no está bien, que le falta algo. Aunque se encuentre mejor hay una pauta interna que no permite sentirse bien, y a veces puede no ser más que un simple pensamiento. ¿Tan acostumbrados estamos a ser infelices que la sensación de felicidad nos resulte incómoda o sospechosa? Estamos tan habituados a complicarnos la vida que ya rechazamos de antemano las cosas más simples. Si solamente pudiéramos mirar y constatar todo lo que tenemos, tanto dentro como fuera, si nos pudiéramos sentir agradecidos por ello y celebrarlo, automáticamente nos sentiríamos mejor. Y todo este proceso puede ser muy simple. Somos ya unos “expertos” en técnicas espirituales y no obstante seguimos sin aceptar amarnos.

Tener presente todo esto, puede representar en sí un cambio de conciencia. En la práctica no hace falta hacer ningún Master, porque en realidad, toda la sabiduría ya está dentro de nosotros mismos. No tenemos por qué sentir miedo de ser quienes somos. Somos una expresión maravillosa de la vida. Somos una creación suprema. Somos creadores. Recorramos a la simplicidad de las cosas. La mejor manera de intentar ser feliz es Ser Feliz ahora. Es imprescindible preguntarse qué es lo que realmente nos hace felices. La respuesta la tiene cada uno. Tomar conciencia de lo que es ser feliz, es la felicidad en sí misma. Asumamos nuestra felicidad a través de asumir nuestra autoresponsabilidad. Si eres responsable de ti mismo, si puedes ser tu mismo, entonces ¡eres el dueño de tu felicidad y el dueño de tu Vida!



El poder del pensamiento


Me gustaría empezar este artículo haciendo referencia a una frase de uno de los libros más importantes que hasta ahora he leído: “El Kybalión”. La última frase de este libro dice:”EL TODO es mente, el Universo es mental”. Por ello quiero dedicar esta página al poder de nuestros pensamientos.

El Todo es energía. Nuestro cuerpo físico es una manifestación de energía. Nuestros pensamientos así como nuestras emociones también son energía y se corresponden a un determinado grado y modo de vibración. Nuestro estado mental está sujeto a dos polaridades, positivo y negativo. A través de la voluntad tenemos la capacidad de polarizar nuestra mente en el polo que queremos o, lo que es lo mismo, la capacidad de decidir generar pensamientos positivos o negativos deliberadamente. Cuando pensamos nuestro cerebro emite ondas mentales electromagnéticas cuyo poder es inmensurable. La fuerza del pensamiento ¡es poderosísima!


La realidad de la realidad

Toda la realidad que conocimos y experimentamos antes de ser materializada tiene que existir en forma de pensamiento. Toda creación existe primero en un plano mental, de la misma forma que un arquitecto que diseña una casa primero ha de crearla en el plano mental, y la proyecta en un plano para que se pueda llevar a cabo su construcción. No existe nada en el mundo físico en el que vivimos que no haya existido antes en el plano mental. Y de la misma forma que un arquitecto idealiza una casa, también nosotros podemos ser los “arquitectos” de nuestra vida. En realidad, podemos ser más que eso: podemos ser el arquitecto, el ingeniero, el albañil, etc. Tan sólo hay que alinear nuestros pensamientos con nuestras emociones y con la acción. Podemos crear la vida que queremos. Si idealizamos una vida de felicidad, salud y abundancia no habrá la más mínima duda que eso es lo que obtendremos. Todo depende del dibujo que proyectamos en esa tela gigante que es nuestra vida. De hecho la realidad de los pensamientos es la verdadera realidad puesto que a través de su poder podemos crear la realidad que deseamos vivir. Aquello en que pensamos es aquello en que nos convertimos. Si uno piensa que es capaz, que es valioso, entonces se volverá capaz y valioso. Por el contrario si uno piensa que es débil se volverá una persona débil. Somos nosotros a través del poder de nuestros pensamientos los que vamos decidiendo aquello que queremos ser. Es nuestra responsabilidad. Nadie, absolutamente nadie puede crear algo en nuestra mente a no ser nosotros mismos. Nadie más tiene ese poder porque quien está en nuestra mente somos nosotros. A menos, claro está que “concedamos” ese poder a los demás.

Nuestros pensamientos son ondas magnéticas que atraen hacía si pensamientos similares, tienen un gran poder de atracción. Cuando tenemos un pensamiento negativo no hace falta mucho tiempo para que otro se instale en nuestra mente complementando el primero y así sucesivamente formando una rueda imparable de pensamientos negativos. Si queremos tener una vida de felicidad y de abundancia hemos de pensar en esos términos, hemos de enfocarnos en ese tipo de pensamientos. Cuando conseguimos un pensamiento positivo ocurre que otros pensamientos positivos empiezan a acoplarse a ese formando de ese modo una rueda de pensamientos más positivos.


Lo que sientes y lo que piensas

Aunque la naturaleza de nuestros pensamientos sea muy importante, también lo son nuestras emociones. Hemos de conseguir alcanzar un estado emocional similar al de nuestros pensamientos para que así se refuerce nuestro poder de atracción y, si a eso le añadimos la acción entonces el éxito en nuestra vida está garantizado. Recordemos que pensamiento, emoción y acción han de estar alineados, porque si pensamos en algo y sentimos lo opuesto además de resultar totalmente improductivo, es agotador. Es importante observar nuestros pensamientos para poder cambiarlos, pero no luchar contra ellos. Te doy un ejemplo: si tienes un pensamiento negativo y empiezas a repetirte algo como: “no quiero tener este pensamiento negativo, no quiero tener este pensamientos negativo”, ¿te has dado cuenta en qué estás pensando? ¡En el pensamiento negativo, claro! Pero si en vez de gastar tú energía mental en decirte a ti mismo que no quieres tener tu pensamiento negativo y simplemente empiezas a enfocar tu atención en otro pensamiento que sea positivo, entonces verás que es más fácil cambiar.  Está comprobado científicamente que tenemos más de 60.000 pensamientos diarios. Ante esta cantidad de pensamientos será obviamente difícil controlarlos a todos con la intención de evitar pensar en negativo, hacer de “policía” de nuestros pensamientos puede resultar verdaderamente agotador, para no decir prácticamente imposible. Entonces ¿de qué forma podemos saber aquello en qué estamos pensando? La respuesta está en la forma en cómo nos sentimos. Por ejemplo, ahora mismo, mientras estás leyendo estas líneas, ¿Cómo te sientes? ¿Bien o mal? ¿Te resuena esto como algo verdadero  o lo rechazas? Por cada pensamiento que tenemos se genera una reacción química en nuestro cuerpo llamada emoción. Nuestras emociones son la guía más precisa y efectiva que nos indican el tipo de pensamientos que estamos pensando. De cada vez que tomes consciencia de que te estás sintiéndote mal, pregúntate a ti mismo lo siguiente: “¿En qué estoy pensando que me hace sentir de esta forma?” Te darás cuenta entonces que en los momentos anteriores a sentirte mal el tipo de pensamientos que estabas teniendo no eran propiamente muy positivos… Entonces, ¿Qué hacer? Simplemente pregúntate: “¿Por qué pienso esto?” A menudo nos asustamos muchísimo a nosotros mismos con nuestros pensamientos negativos, creando por anticipado autenticas películas de terror, con lo cual lo mejor es detenerte en esos momentos y cuestionarte: ¿Cuál es la probabilidad de que esto pueda ocurrir? Pon tus pensamientos negativos y de miedo en cuestión, en “plaza pública”, mírales a la cara, ponles en “ridículo” para que los puedas detener y decir: “¡basta!” “Ya no te necesito, ¡te puedes marchar!” Incluso puedes decirlo en voz alta. ¡Te garantizo que funciona!

Recuerda que eres el arquitecto de tu vida, con tus pensamientos puedes construir la vida que quieres, que deseas, la vida con la que siempre has soñado. Si el Universo te dio la capacidad de soñar y de pensar es para que utilices eses poderes. Decide qué es lo que tú quieres, usa el poder de tus pensamientos, guiado por tus emociones y seguidos por tus acciones para crear tu vida. ¡Los límites los pones tú!



¿Preocupación, miedo o ansiedad?


El miedo o temor es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento, provocado por la percepción de un peligro, real o imaginario, presente, futuro o pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, constituyendo un mecanismo de supervivencia y de defensa y se manifiesta tanto en los animales como en el ser humano. A diferentes grados toman diferentes términos: temor, recelo, aprensión, espanto, pavor, terror, horror, fobia, susto, alarma, peligro o pánico.

Según el diccionario Real de la Academia Española el miedo se define como “la perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”. No sé si os habéis dado cuenta de lo mismo que yo cuando he leído esta definición la primera vez, y es que me quedé impresionado porque en esta frase hay más información de la que parece.


De la ansiedad a la angustia

Vamos por partes: “la perturbación angustiosa”: aquí pasamos de la palabra miedo directamente a la palabra angustia. Sí, obviamente están muy relacionadas, pero si invertimos la frase podemos concluir que la angustia es un miedo profundo. Esto nos da mucha información pues muchas personas que padecen angustia no son realmente conscientes de que realmente lo que sienten es miedo a que algo ocurra o que no ocurra. Sigamos con la frase: “por un riesgo o daño real o imaginario”. Esto nos indica que no siempre los miedos y temores que tenemos son referentes a un peligro real pues muchas veces nos asustamos únicamente con nuestros propios pensamientos. Anticipamos los fracasos y las situaciones de terror. En realidad, ¡Somos unos verdaderos especialistas en hacerlo! Esto no sería del todo grave si la emoción del miedo no acarreara verdaderos disturbios para nuestra salud. Cuando sentimos miedo se producen determinadas reacciones físicas y químicas en nuestro organismo: el corazón bombea la sangre a más velocidad, aumentando la tensión arterial para llevar la sangre a los músculos y al cerebro, los pulmones toman aire más rápidamente para proporcionar más oxígeno al cuerpo, nuestras pupilas se dilatan para facilitar la visión, la frente se arruga y la cara se tensa. Nuestro sistema inmunitario se detiene así como el sistema urinario y digestivo. La respuesta de resistir o huir está siempre activa, lo que dificulta la concentración. Se generan hormonas como la adrenalina, la noradrenalina y los corticoides, también conocidos como las hormonas del miedo. Los corticoides impiden la conexión de las sinapsis, que es el sistema de comunicación de nuestras neuronas. Si este sistema falla, no podemos pensar adecuadamente, Estas reacciones dan lugar a determinados síntomas tales como taquicardias, sudoración excesiva, falta de concentración, temblores, vértigo y mareos, en resumen, síntomas que las personas que padecen de ansiedad describen. Cuando este estado se perpetúa, se acentúa y provoca angustia.

Esto nos lleva a la misma conclusión de que el miedo, la angustia o la ansiedad son diferentes estados que tienen como base la misma emoción: el miedo. De hecho tanto así lo es que hay un dato muy curioso, y es que etimológicamente la palabra miedo en inglés se puede traducir a anxiety (ansiedad) y lo mismo ocurre del alemán angst (miedo o ansiedad). Ambas hacen referencia a un miedo al desconocido o un miedo existencial del tipo “¿qué pasará si?...”

¿Te has dado cuenta de la enorme cantidad de personas que vive asustada? ¿Te has dado cuenta verdaderamente de los síntomas que provoca el tener miedo? Ahora imagina una persona cuyo “modus vivendi” más habitual es vivir con miedo… ¡Cuántas repercusiones al nivel de la salud! ¿Verdad? El actual sistema en que vivimos es un gran generador de miedo. La situación económica, política y medio-ambiental nos mantiene bastante alerta pues está basado en la manipulación a través del miedo y la culpa, ya sean por cuestiones culturales, religiosas o políticas.


Verdad o consecuencia

La gravedad de esta cuestión es que uno de los “síntomas” o, consecuencias diría yo, del miedo es la “falta de concentración”, es decir, las personas cuando estamos asustados no pensamos correcta ni asertivamente. No podemos tomar decisiones adecuadas porque nuestro cerebro está “ocupado”, en alerta, porque interpreta que estamos viviendo una experiencia que pone en riesgo nuestra supervivencia, entonces se bloquea y nos paralizamos. Cuando tenemos miedo no actuamos, reaccionamos pero no actuamos. Fíjate sino: si no tuvieras miedo, ¿qué harías?, ¿Cómo te sentirías?, ¿Cómo actuarias? ¿Qué dirías? ¿A dónde irías? ¿Qué cambiarías en tu vida? Cuando sentimos miedo no podemos pensar creativamente, constructivamente. De forma que, supongo que sabéis a dónde quiero llegar... Si no podemos ser creativos, si no podemos tomar decisiones adecuadas, ¿cómo podemos crear una vida tal y como queremos? ¿Cómo vamos a ocuparnos de co-crear nuestra vida, materializando nuestros sueños, cuando estamos “pre-ocupados”, ansiosos y angustiados?

Si sientes miedo y crees que puedes hacer algo al respecto, llévalo a la práctica y luego despreocúpate. Visualízate a ti mismo superando el miedo, con un resultado positivo, sintiéndote libre y en paz. Una sugerencia: no prestes atención a los medios de comunicación más comunes, periódicos y telediarios, no leas artículos basura, no escuches a los que están permanentemente asustados, simplemente porque, si sigues haciéndolo, no estás viviendo… ¡Estás sobreviviendo!



Quererse o no quererse… ¡ésta es la cuestión!


La Autoestima está relacionada con nuestra propia valoración. Es el resultado de nuestros pensamientos, conscientes e inconscientes, de nuestro sistema de creencias y de la forma cómo nos relacionamos con nuestro propio ser, la actitud que tenemos hacia nosotros mismos y la forma en cómo nos tratamos y cuidamos. Obviamente cuanta más valoración se tenga de uno mismo mejor será la forma en cómo se trata. Mucha gente que cree tener una baja autoestima lo considera como se fuera un rasgo de carácter, o que es algo como ser alto o bajo, y por lo tanto se resignan y no hacen nada para cambiar. También suele confundirse el concepto de Autoestima con ego, arrogancia, egoísmo o vanidad, cuando en realidad eso es lo que está más lejos de una autoestima elevada. Entonces, ¿qué es la Autoestima? ¿Cómo se puede medir nuestra autoestima? ¿Qué hacer para aumentar nuestra autoestima?


Conociéndose a uno mismo

Este es sin duda el primer paso. El conocerse a uno mismo. Solamente podemos cambiar aquello que conocemos. Si uno no es consciente de lo que le está perjudicando muy difícilmente puede cambiarlo. El auto-conocimiento es la base para cualquier cambio personal. Hemos de saber en qué punto estamos para poder avanzar. Obviamente que no es fácil empezar un proceso de autoexploración, pues algunas de nuestras pautas tienen sus orígenes en nuestra tierna infancia donde, en realidad, la mayoría de creencias tienen su cuna. Las hemos adoptado como nuestras hace tanto tiempo que normalmente no nos damos cuenta de ellas. Por otro lado, el proceso de indagación interna lleva a que mientras vayamos removiendo los “baúles” de nuestro inconsciente, nos encontremos con emociones que no tenemos la más mínima idea de cómo manejarlas. No lo sabemos simplemente porque las desconocemos, no estamos familiarizados con ellas. No sabemos identificarlas ni definirlas y, menos aún, comprender el por qué están ahí. Eso es la falta de conciencia del Ser. Es falta de autoconocimiento. Podemos cambiar esa situación dedicándonos algún tiempo a solas con nosotros mismos. La introspección y el tiempo con uno mismo es básico, esencial y vital para que empecemos un proceso de autoconocimiento y saber qué es lo que ocurre en nuestro interior. No obstante, cuando profundizamos en nuestro autoconocimiento nos encontramos con que no siempre nos gustan todas nuestras características.


El camino de la autoaceptación

El filósofo Sócrates decía “Comenzar bien no es poco, pero tampoco es mucho.”

Saber lo que realmente tenemos dentro, formas de pensar, creencias, ideas o prejuicios, significa que nos conocemos mejor, que hemos profundizado en nuestro autoconocimiento, pero eso no es todo. Una autoestima sana requiere que de base aceptemos aquello que somos. Esto no significa que nos tienen que gustar todas nuestras características, pero sí reconocerlas y aceptarlas. Reconocer nuestras cualidades y valorarlas, así como reconocer nuestras limitaciones y aceptarlas. Es muy parecido a lo que ocurre con nuestros seres queridos. No siempre nos gustan todas sus características, no obstante las aceptamos. Entonces, ¿por qué no aceptar las nuestras? ¿Sólo porque sonnuestras? Jamás podremos ser felices si esperamos ser como deberíamos ser, y esto porque nunca seremos como deberíamos. ¡Somos como somos! Hemos de eliminar el concepto, que mayoritariamente tenemos de que hemos de ser perfectos porque, ¡ya lo somos! Tener características que no nos gusten no significa que seamos imperfectos. ¡No! Al contrario, la perfección viene del equilibrio. Y el equilibrio viene de la relación entre lo positivo y lo negativo, del ying y del yang, de forma que tener rasgos positivos y otros negativos significa que somos equilibrados, por lo tanto, ya somos perfectos. Está totalmente obsoleto y caducado lo que nos han enseñado de que para ser perfectos no deberíamos tener rasgos considerados negativos. Además nuestras características no pueden ser consideradas positivas o negativas desde un punto de vista estático, pero sí según el contexto y el momento en que nos encontramos. Tienen que ser vistas desde una perspectiva dinámica. La clave está en cuestionarse: ¿Qué es lo que puedo hacer para mejorar? ¿Qué acciones puedo emprender para cambiar? Estar dispuesto es el primer paso. Hacerlo aumentará el respeto por nosotros mismos, aumentaremos nuestra capacidad de aceptación lo que nos llevará a construir una autoestima más elevada. Emprender acciones que vayan a nuestro favor fomentará y reforzará nuestra autoconfianza y hará que nos queramos más. Que nos amemos más.


¿Cómo aumentar mi autoestima?

¿Nos habremos realmente dado cuenta de cómo nos tratamos? Si hay algo en nosotros mismos que nos resulta desagradable, ¿qué nos va aportar el hecho de criticarnos, culparnos y juzgarnos? Esa no es una buena forma de apoyarnos. Imagina que caminas junto a un amigo tuyo y que por el camino te pasa de todo: tropiezas, te caes, caminas y chocas con los postes de electricidad, la gente te empuja, te mira con mala cara. En ese escenario imagina ahora que tu amigo empieza a chillarte a gritos, a criticarte y culparte de todo lo sucedido. ¿Cómo te sentirías? ¿Encontrarías sentido a esa forma de comportarse? Como mínimo pensarías que tu amigo estaría loco ¿verdad? A lo mejor te apartarías y huirías tan lejos de él cuanto pudieras… Pues ahora piensa como es para tu ser interior y como se siente cuando te pasan cosas desagradables y encima te criticas, te culpas, te enrabias y, lo peor de todo es que no puedes huir de ti mismo… ¿Te das cuenta del daño que te haces? Además sin poder tener la perspectiva que te permita tener consciencia de ello.  La forma en que muchas veces nos tratamos a nosotros ¡es terrible! Podemos llegar a ser nuestros peores enemigos. ¿Cómo vamos a evolucionar positivamente así? Hemos de reconsiderar la forma en cómo nos tratamos. Ser cariñosos, pacientes y amables con nosotros mismos es de vital importancia. Existen muchas técnicas que nos pueden ayudar a aumentar nuestra autoestima. La tan consagrada Louise L. Hay, autora de varios best-seller como “Usted puede sanar su vida” y “El Poder está dentro de ti” nos facilita técnicas muy sencillas, tales como las afirmaciones positivas, visualizaciones, el trabajo con nuestro niño interior, el ejercicio con el espejo, etc. ¡Es extraordinario el efecto que tiene afirmar para uno mismo: “Yo me Amo y me Acepto tal como soy!” Esta afirmación puede hacer milagros en la vida de uno. Otra de las terapias que muy buenos resultados ofrece son las Flores de Bach. Tomar determinadas esencias ayuda muchísimo a sentirnos mejor y a afrontar la vida de una forma mucho más fácil. Las esencias nos ayudan a cambiar y armonizar la vibración de nuestros campos emocional, mental y espiritual, las cuales integradas en un marco terapéutico adecuado nos otorgan más comprensión, perspectiva, claridad y conciencia.


Autoestima y Felicidad: Una decisión

La Autoestima es la raíz, la base sobre la cual se cimientan todas las áreas de nuestra vida: la salud, las relaciones, el Amor, el trabajo y el éxito y todas reflejan la valoración y el amor que cada uno tiene por sí mismo. Una Autoestima sana hace que todo funcione perfectamente en nuestra vida, pero es una decisión de cada uno. Se trata de una intención. De un querer. De un hacer. De un estar. Todo, absolutamente todo en nuestra vida es el resultado de una decisión. Incluido la decisión de ser feliz. Se podría inventar una palabra nueva que diera énfasis a la palabra feliz. Algo como la diferencia entre escribir feliz y ¡FELIZ! ¿Verdad que suena distinto? La mejor manera de intentar ser feliz es SER FELIZ AHORA. Es imprescindible preguntarse sobre qué es lo que realmente nos hace felices. La respuesta la tiene cada uno. Estamos en esta vida para aprender, amar y disfrutar y aunque a veces las circunstancias son totalmente adversas a las que desearíamos que fueran, de todo sacamos un aprendizaje, y la Autoestima es también la capacidad de aprender, de desarrollar capacidades y de buscar los medios que permitan un trato más amoroso con nosotros mismos el cual en muchos casos no fue dado en la infancia. No somos exactamente aquello que creemos ser. ¡Somos más que eso! Tan solo hemos de descubrirlo.